Opinión Bolivia

  • Diario Digital | jueves, 29 de octubre de 2020
  • Actualizado 21:58

Mamógrafos, en manos privadas

Mamógrafos, en manos privadas

La salud en el país es uno de los problemas pendientes y que tendrá que ser abordado con responsabilidad y presupuesto por los nuevos gobernantes.

Una noticia que publicó ayer este medio de comunicación preocupa; y es que de los 14 equipos para realizar mamografías en Cochabamba, 10 están en centros privados y solo cuatro en hospitales públicos y de la seguridad social.

El dato fue revelado por  el responsable de la Clínica de Oncoginecología del Hospital Obrero Nro. 2 de la Caja Nacional de Salud (CNS), Óscar Niño de Guzmán Peña.

Esa situación se ve reflejada en el elevado precio de una mamografía en Cochabamba. En los centros privados, las mujeres tienen que pagar entre 480 y 520 bolivianos para hacerse ese examen que, por recomendación médica, lo deben realizar al menos una vez al año para prevenir el cáncer de mama.

Un mamógrafo es un aparato con el que se identifican los casos de cáncer de mama en sus etapas tempranas. Dispone de tubos de emisión de rayos X, especialmente adaptados para conseguir la mayor resolución posible en la visualización de las estructuras fibroepiteliales internas de la glándula mamaria.

En Cochabamba hay dos mamógrafos en los hospitales públicos, uno está en el Maternológico Germán Urquidi y el otro en la Escuela Técnica de Salud.

Mientras que en el caso de los centros de  la seguridad social, uno está en la Caja Nacional de Salud (CNS) y el otro permanece en la Caja Petrolera.

Considerando que Cochabamba tiene más de dos millones de habitantes, y que del total casi el 50% son mujeres, es de suponer que tienen que “peregrinar” para tratar de someterse a un examen de mamografía.

Tanto en los centros privados como en los públicos, para hacerse esa prueba tienen que esperar varios días, en el caso de los primeros, y hasta meses si acuden a los segundos.

La situación es aún más terrible en el caso de los equipos de resonancia magnética; solo hay dos en el departamento y están en clínicas privadas.

Estos datos solo confirman, una vez más, la crítica situación de la salud en el país. Si  bien es cierto que el coronavirus desnudó nuestra falta de hospitales, equipamientos y profesionales; ahora, vemos que la mayoría de equipos para diagnosticar el cáncer de mama, uno de los más letales en el país, están en manos privadas y acceder a ellos tiene elevados costos.

La salud es un derecho consagrado en la Constitución Política del Estado y, por lo tanto, todos los bolivianos deberían tener acceso a ella, sin embargo, en la práctica no es así y las más afectadas son las familias de bajos recursos económicos.

La presidenta Jeanine Áñez anunció que el 10% del presupuesto del 2021 sería para salud, sin embargo, no hay nada definido.

Esperemos que los nuevos gobernantes prioricen la salud; eso pasa por destinar más recursos económicos para infraestructura, equipamiento y para contratar a los mejores  profesionales.