Opinión Bolivia

  • Diario Digital | sábado, 04 de abril de 2020
  • Actualizado 16:59

Las (e)lecciones de España

Las (e)lecciones de España

España celebró el domingo pasado elecciones presidenciales y parlamentarias. De ellas salió ganador el presidente socialista Pedro Sánchez, líder y candidato del PSOE. Pero, más importante que su victoria, previsible por los sondeos preelectorales, fue el acuerdo con Unidas Podemos (UP), a la cabeza de Pablo Iglesias, también de izquierda. El pacto, sellado el martes con un abrazo entre ambos, puso un punto final, al menos por ahora, a la crisis política que enfrentó el Gobierno español a lo largo de 196 días.

La convocatoria a las elecciones del 10 de noviembre fue una respuesta de emergencia a la incapacidad del PSOE y Unidas Podemos para cerrar una alianza tras los comicios presidenciales del 28 de abril, que asegurara al primero la mayoría parlamentaria suficiente para que su líder asumiera la Presidencia española. Ninguno de los dos quiso ceder en las negociaciones del acuerdo. Sánchez se rehusó a aceptar en su gabinete ministerial la participación de representantes de Unidas Podemos. Iglesias descartó los votos de su partido si el gobernante no le aseguraba plazos en el Ejecutivo. Esa controversia sepultó la posibilidad de que España conformara un Gobierno progresista y abrió un periodo de incertidumbre en ese país.

A medida que la sociedad española vivía meses sin saber si tendría o no Presidente para la siguiente gestión, los partidos involucrados en el entuerto fueron rifando su imagen ante sus electorales. La crisis les iba a provocar un costo político, que finalmente fue cobrado el domingo 10. 

El costo resultó aún mayor debido al crecimiento de la extrema derecha, representada por Vox, que se consolidó como la tercera fuerza política del país y desplazó del mapa a Ciudadanos, de derecha liberal. En la práctica, todos, salvo Vox, perdieron algo en las elecciones del domingo. El crecimiento electoral de la extrema derecha en países como España o Brasil podría ser un indicador de lo que cabe esperar para Bolivia en sus siguientes elecciones. Si ya en los comicios del 20 de octubre -que finalmente serían anulados por los vicios de fraude- ya hubo un inusitado ascenso, encarnado por la candidatura de Chi por el PDC, la crisis posterior a la jornada electoral ha ido posicionando con más fuerza gestos y tendencias análogos a los de una derecha radicalizada.

No parece descabellado anticipar que, así como el PSOE y UP pagaron el costo electoral de su incapacidad para formar un Gobierno progresista en España, las elecciones que vengan en Bolivia se saldarán con pérdidas significativas para el MAS y CC, las dos principales fuerzas políticas de los comicios, y ganancias para quienes abanderen las líneas más conservadoras, llámense PDC o alguna nueva figura en el tablero, como Luis Fernando  Camacho.