Opinión Bolivia

  • Diario Digital | jueves, 26 de noviembre de 2020
  • Actualizado 02:18

La tragedia de Tiquipaya

Culpables “La mazamorra que está sepultando Cochabamba no solo trae agua, barro y piedra; nos está devolviendo nuestra desidia colectiva ante la naturaleza”  

La tragedia de Tiquipaya

La noticia de la tragedia que afecta a los pobladores que viven cerca del río Taquiña en Tiquipaya bien podría titularse “Crónica de un desastre anunciado”. Autoridades y vecinos sabían que, tarde o temprano, volvería a ocurrir un aluvión —dada las condiciones actuales del lugar— y, prácticamente, no hicieron casi nada para prevenirla. 

Todo lo contrario, a dos años de la mazamorra que se llevó la vida de cinco personas y causó la pérdida de todos los bienes materiales que poseían las víctimas, la Alcaldía de Tiquipaya y la Gobernación de Cochabamba no realizaron un manejo adecuado de la cuenca hídrica y se permitió la urbanización irresponsable, sin que se respete la regulación del uso de suelo de la zona. Tampoco se impulsaron programas de reforestación en las serranías. 

Los vecinos también tienen su cuota de corresponsabilidad en el daño que están causando las nuevas mazamorras ocurridas hace dos días en Tiquipaya. Construyeron viviendas dentro de la franja de seguridad del lecho o ribera del río Taquiña, sin tener en cuenta el carácter variable a lo largo del tiempo este sistema fluvial. 

Por su parte, la naturaleza hace lo suyo, con la crecida el río se abre paso para desfogar sus aguas y residuos.

Ante todo este panorama desolador, es necesario que se reconozca la importancia —en su verdadera dimensión— del Parque Nacional Tunari en la calidad de vida de todos los cochabambinos. Es momento de parar la expansión de loteamientos que conlleva a la destrucción de las zonas arbóreas y la afectación de las áreas de recarga acuífera, impidiendo la penetración de agua al subsuelo. 

Si no se hace algo al respecto, lo que está sucediendo en Tiquipaya se podría replicar en otras zonas que forman parte del PNT, incluso la misma ciudad de Cochabamba.

Por otro lago, se debe restablecer los procesos naturales del sistema el río Taquiña para devolverle su función,  territorio y dinámica. Solo así se podrá convivir con las crecidas.

Finalmente, y como sostiene el periodista Santiago Espinoza: “Todos somos culpables de que, a dos años de una tragedia que debió enseñarnos algo, hoy estemos nuevamente atorados en el fango. La naturaleza es salvaje, tiene vida propia y nos está invadiendo por los mismos lugares donde la estamos horadando. La mazamorra que está sepultando Cochabamba no solo trae agua, barro y piedras; nos está devolviendo nuestra desidia colectiva ante la naturaleza. El aluvión somos nosotros”.