Opinión Bolivia

  • Diario Digital | sábado, 07 de diciembre de 2019
  • Actualizado 02:05

La cultura, bajo fuego

La cultura, bajo fuego

Son días difíciles para Bolivia. Días difíciles para sus ciudadanos. Días difíciles para sus instituciones. Días difíciles para sus quehaceres. No debe haber actividad humana en el país que no se esté viendo afectada por la crisis política y social que se desató tras las elecciones presidenciales del 20 de octubre, las denuncias de fraude que les sucedieron, la renuncia de Evo Morales y el clima convulso en que ha derivado, con ciudades capitales semiparalizadas en sus rutinas  productivas y de ocio.

Precisamente, de esas actividades que, convencionalmente, se llaman de ocio queremos reflexionar en este editorial. Las actividades que aglutinan la esfera vasta de la cultura y el entretenimiento. Porque así como las protestas interrumpen el calendario educativo en escuelas y universidades, y dificultan la dinámica económica de sectores públicos y privados, las instituciones culturales consagradas al tiempo de ocio se hallan básicamente estancadas contra su voluntad.

Los centros culturales, en su mayoría, han debido cerrar sus puertas y suspender sus actividades ante la ausencia de condiciones que permitan su desarrollo y consumo con normalidad. Las salas comerciales de cine no pueden ofertar funciones regulares. Los teatros no tienen cómo montar presentaciones escénicas o musicales. Las salas de exposición no abren y, las que sí, ofrecen muestras artísticas a las que muy pocos tienen acceso. No hay presentaciones de libros ni bibliotecas plenamente abiertas que favorezcan la cultura literaria y el hábito de lectura.

No se trata de buscar culpables ni de alentar un ajuste de cuentas. La crisis que atraviesa el país no se presta para el escarnio, sino que demanda acciones efectivas de las instituciones y autoridades llamadas a restablecer la normalidad en el país, por las vías legales, democráticas y pacíficas que tienen a la mano.

Entretanto Bolivia encuentra el camino a la estabilidad social, sus ciudadanos e instituciones se dan maneras para no paralizarse por completo. 

En el caso de la cultura, no son muchas las actividades posibles, pero las hay. Una de ellas tuvo lugar hace unos días, con el anuncio, en La Paz, de los ganadores de los principales premios literarios nacionales del país.

El Ministerio de Culturas y Turismo anunció los nombres de los ganadores de la gestión 2019 de los premios nacionales de Novela, de Poesía “Yolanda Bedregal”, de Lenguas Originarias “Guamán Poma de Ayala” (profesional y juvenil), de Literatura Infantil y de Literatura Juvenil.

La gala de entrega de los premios, que son principalmente económicos, está prevista para el 22 de noviembre. No está de sobra desear que, hasta entonces, la situación en Bolivia recobre su normalidad para que el evento no se vea impedido ni deslucido, como en los hechos ocurrió con el anuncio de las obras galardonadas, que pasó casi desapercibido.  

Si algo puede aportarle la cultura a este país, en este momento crítico, es la posibilidad de aquietar la beligerancia social, abonar la comunión espiritual y promover el reconocimiento de los lazos compartidos entre bolivianos.