Opinión Bolivia

  • Diario Digital | martes, 19 de octubre de 2021
  • Actualizado 08:03

Intolerancia, símbolos patrios y política

Intolerancia, símbolos patrios y política

Los símbolos patrios de un país son emblemas en torno a los cuales sus habitantes se unen, se ponen de pie para rendirles homenaje y darse un abrazo fraternal, como hermanos que son. Sin embargo, en el país algunos símbolos patrios están exacerbando las diferencias que existen entre grupos que tienen ideologías diferentes, hasta el extremo de recurrir a la violencia física para imponer sus posturas, y a la justicia para enfrascarse en procesos que siguen su curso en vericuetos interminables.

La iza de la wiphala por parte del Gobierno durante la celebración de la efeméride departamental de Santa Cruz, el pasado 24 de septiembre, provocó la reacción de grupos opositores a la gestión del MAS, los cuales bajaron este símbolo patrio con el argumento de que no estaba previsto en el programa.

Esta acción de grupos que apoyan al gobernador Luis Fernando Camacho provocó la reacción de ministros y organizaciones afines al Gobierno, que exigieron sanciones para los autores intelectuales y materiales del “ultraje” a la wiphala, que tiene, además según los denunciantes, componentes de racismo y discriminación.

Días después de las primeras reacciones en torno a este hecho suscitado en Santa Cruz, tanto opositores como oficialistas se culparon de haber montado una tramoya con el fin de tener un justificativo para atacar al oponente y lograr el apoyo de la opinión pública.

A manera de desagravio, los afines al gobierno realizaron un acto denominado “wiphalazo”, izaron esta bandera en el frontis de la Gobernación cruceña, pero minutos después la misma fue bajada, nuevamente. 

Camacho advirtió que la wiphala “nunca será izada” en la Gobernación.

Al parecer los políticos no han entendido hasta ahora que la confrontación no traerá nada edificante para el país y, lamentablemente, siguen en ese camino equivocado de buscar el enfrentamiento, por intereses personales que buscan réditos económicos y poder.

Mientras estos dos grupos continúen con esta tónica de confrontación, la tan mentada reconciliación no se podrá lograr, provocando que la población se canse de estar en medio de estas agresiones.

Tanto la oposición como el oficialismo deberían dejar de lado la confrontación, y si bien no necesariamente coincidan en sus posiciones ideológicas, tienen que trabajar en los programas que ofertaron durante sus campañas, con el fin de conseguir una mejor calidad de vida para los miles de habitantes que no cuentan con servicios básicos de calidad, vías pavimentadas, trabajo, salud, educación y, sobre todo, alimentación garantizada para sus mesas. Es hora de dejar los intereses mezquinos que solo benefician a los grupos que buscan el poder para seguir siendo los privilegiados en una sociedad que tiene todavía muchas limitaciones, donde aún hay, reiteramos, pobreza, desempleo, y carencias en salud y educación.

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