Opinión Bolivia

  • Diario Digital | martes, 15 de octubre de 2019
  • Actualizado 19:57

Otro “héroe” que muere en incendios

Otro “héroe” que muere en incendios

“Fui dos veces a la Chiquitanía, ahora mi Tunari me necesita”. Con esas palabras se despidió de sus padres Ernesto Fanor Nina Mamani, el voluntario que murió la noche del lunes tras caer a un barranco de unos 70 metros, en su intento de sofocar las voraces llamas que acababan con la riqueza animal y vegetal del Parque Nacional Tunari.

El 30 de septiembre de 2019 no será olvidado por los padres, familiares y camaradas del joven voluntario del grupo GEOS, quien no dudó ni un solo instante, según cuenta su madre, para subir hasta el Tunari e intentar apagar el fuego.

La mañana de ese fatídico día, Ernesto había prometido volver en la noche para cenar junto con su familia. Lamentablemente, esa promesa no pudo cumplirla. Después de la medianoche, sus padres recibieron la noticia de que su hijo, el joven que amaba la naturaleza y a los animales, había muerto.

Hoy, sus padres no hallan consuelo, porque perdieron al hijo que soñaba con ser ingeniero informático y voluntario hasta que Dios le dé vida.

Este lamentable hecho tampoco debe ser olvidado por los cochabambinos y mucho menos por las autoridades, quienes deben tomar en cuenta lo ocurrido para buscar mecanismos de protección y ayuda a estos héroes, quienes no gozan de ningún tipo de beneficio económico ni social. Todo lo que hacen es de forma voluntaria y lo que tienen, es por esfuerzo propio.

Es más, los voluntarios de este y otros grupos no cuentan con un seguro de vida que alguna autoridad les haya gestionado o, por lo menos, pensó en darles.

Los GEOS,  si tienen un seguro de vida,  es gracias a las gestiones que su comandante, Carlos Azcárraga,  realizó ante Seguros Univida. 

Hace un tiempo y en este mismo espacio, decíamos que todos los voluntarios de los grupos de rescate que hay en el país, incluidos los bomberos, son héroes mendigos, que viven de la caridad de quienes verdaderamente valoran el rol que realizan en la sociedad.

La muerte de Ernesto y de otros seis voluntarios que fallecieron desde que comenzaron los incendios en la Chiquitanía y luego se registraron en el Tunari debe tocar el corazón de las autoridades locales, departamentales y nacionales.

Basta de aprovecharse de su buena voluntad para atender emergencias sin darles nada a cambio. Hasta el voluntario requiere de apoyo, de buenas condiciones.

Es tiempo de valorar la entrega de cada uno de estos hombres y mujeres que dan su tiempo, dejando de lado su trabajo, sus estudios, su familia, no solo por horas sino por días.

No es posible que sigan viviendo de la caridad, incluso, para tener un lugar de concentración, para cancelar la luz o el  agua que necesitan. Para comprar sus equipos de trabajo e indumentaria.

Es por demás sabido que los padres de los voluntarios y ellos mismos son los que ponen dinero de su bolsillo para que su agrupación siga funcionando y esté siempre lista ante el llamado de auxilio de una persona, de una institución y de toda la sociedad.

¿Qué habría pasado si no existieran estos grupos de rescate? Seguramente los incendios en la Chiquitanía y en el Tunari ya habrían acabado con toda la riqueza forestal y animal.

La muerte de estos siete valerosos jóvenes, cuatro en la Chiquitanía, uno en los Yungas de La Paz y dos en el Tunari de Cochabamba no debe quedar en la nada. Los voluntarios necesitan el apoyo de las autoridades, no con migajas, sino algo real y concreto.

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