Opinión Bolivia

  • Diario Digital | viernes, 24 de enero de 2020
  • Actualizado 08:06

Fuga de talentos deportivos

Realidad

Mejores escenarios, equipamiento, mayores incentivos, son algunas de las razones por las que  deportistas de alto rendimiento deciden representar a otro país.

Fuga de talentos deportivos

Al ver ingresar en un escenario internacional a deportistas bolivianos, vistiendo el uniforme de la Selección, portando la tricolor y entonando el himno nacional, es seguro que miles de compatriotas sienten el orgullo de compartir la realización del sueño de esos jóvenes valores. Una participación, que es resultado del esfuerzo, la dedicación, el compromiso y el sacrificio diario, no solo personal sino familiar, que debería ser apoyada por todos.

Muchos consideran que las competencias deportivas son el mejor lugar para demostrar ante los otros países cuán buenos somos. Otros que la obtención de lauros en el deporte es primordial para el desarrollo de una identidad y orgullo nacional y, para esto, brindan a este sector el apoyo suficiente para que sus atletas se desarrollen sin pensar en la obtención de réditos económicos. Trabajo quijotesco dirán, pero orgullosamente compensatorio cuando se obtiene una presea. 

Quisiéramos que en nuestro país, al igual que en otros de la región, ocurriese esto, pero —en el último tiempo— la meta ha sido solo construir campos deportivos, no se ha apoyado la preparación de los protagonistas, ni se los ha incentivado ni dignificado como representantes nacionales. 

Un hecho que ha desencadenado una lluvia de críticas es que ya son ocho deportistas bolivianos de élite que se han visto en la penosa y triste necesidad de representar a otros países que les brindan lo que el nuestro no lo hace: apoyo.  

¡Qué tristeza por nosotros! Valientes ellos que han tenido la osadía de buscar en otros países los medios necesarios para no estancarse.

El actual Ministro de Deportes ha pedido a los deportistas que se acerquen para definir el apoyo que puedan recibir y así evitar la migración a otros países. 

Esperemos que, en los meses que queda a este Gobierno transitorio, se sienten las bases de una política gubernamental que defina los mecanismos que permitan a nuestros atletas conseguir el apoyo que requieren. Debemos darles las oportunidades que merecen, y se tiene que hacer un llamado también a las empresas e instituciones a que puedan coadyuvar en este cometido. No solo es responsabilidad del Estado, sino de todos. Al final son nuestros jóvenes, nuestros hijos que orgullosamente nos harán sentir una de las sensaciones más gratificantes que se pueden experimentar: orgullo y satisfacción. ¡Démosles la oportunidad!