Opinión Bolivia

  • Diario Digital | martes, 22 de octubre de 2019
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El riesgo del VIH y los jóvenes

El riesgo del VIH y los jóvenes

La edad de riesgo para contraer el VIH ha bajado de 19 a 15 años en la última gestión, especialmente por falta de información y educación, según datos proporcionados por el director del Instituto de Desarrollo Humano, Édgar Valdez.

Esta cifra, que debe preocupar sobremanera, implica que cada vez hay personas más jóvenes que contraen esta enfermedad o están en edad de riesgo.

Los jóvenes, según esta información del Ministerio de Salud, se involucran en actividades de riesgo, algunos porque buscan imitar el contenido pornográfico que ven en Internet, y otros por desconocimiento o falta de educación sexual en sus hogares y en los colegios.

Para prevenir las situaciones de riesgo es fundamental el rol que cumplan los padres en sus hogares y los maestros en los centros educativos. Orientar a niños y a adolescentes es una tarea prioritaria, más aún en temas como la sexualidad.

“Los jóvenes viven en un mundo virtual, tienen fácil acceso a Internet, consumen contenido pornográfico y buscan experimentar todo lo que ven. En el intento de replicar lo que ven adquieren el virus”, advirtió Valdez, quien tiene una gran experiencia en la lucha contra el sida.

Hasta el año 2018, la población más vulnerable para contraer el VIH estaba en el rango de edad entre 19 y 39 años. En 12 meses, bajó a 15 años.

Estos datos nos muestran que, o los adolescentes son actualmente más precoces o que  encuentran inadecuada información en Internet, la misma que no procesan adecuadamente y, al contrario, les genera confusión.

Además, al parecer, los adolescentes asumen desafíos que atentan a su salud física y psicológica, solo por mostrar a sus pares (otros jóvenes) que son capaces de hacer todo y que, por ende, merecen ser parte de un determinado grupo.

La tarea de las personas mayores que se encuentran en el entorno de los jóvenes es fundamental, sin que eso signifique que se inmiscuyan en sus actividades privadas, sino que cumplan un rol orientador, porque el adolescente debe aprender a tomar sus propias decisiones, además de las consecuencias.

Los padres tienen que involucrarse más en las actividades de sus hijos, con mucho tacto, con honestidad, y no solo por cumplir su rol de tutor.

Si hay algo que desanima o molesta a un adolescente es que su padre le pregunte cómo  estuvo su día, porque es una frase hecha, común y que, en muchos casos, se lo suelta en forma automática. Los más jóvenes tienen otros intereses y les gusta que se los tome en cuenta, así como sus proyectos o sueños.

A algunos adolescentes les gusta hablar sobre música, cine, redes sociales y pasatiempos que practican. Los padres deben saber adaptarse a las necesidades de sus hijos y recordar que ellos también fueron jóvenes y pasaron épocas de tribulación, rebeldía y desorientación.

En cuanto a la sexualidad, es importante que los padres hablen con sutileza, pero en forma franca con sus hijos, porque la educación sexual dejó de ser un tabú hace mucho tiempo.

Si hay una comunicación sincera, un diálogo entre padres e hijos, se evitarían embarazos no deseados y que los jóvenes asuman actividades de riesgo. 

Finalmente, los jóvenes tienen que aprender a tomar sus decisiones, las mejores que puedan, conociendo que hay consecuencias para todo.

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