Opinión Bolivia

  • Diario Digital | martes, 03 de agosto de 2021
  • Actualizado 16:23

Doble riesgo para madres y sus hijos

Doble riesgo para madres y sus hijos

Decenas de madres, con sus hijos a cuestas, desafiando al recio frío y esquivando los raudos vehículos que circulan por las avenidas han decidido salir a vender a las calles, aun en detrimento de su integridad física.

Algunas han optado por vender chocolates, dulces o flores; otras por limpiar los parabrisas de los vehículos; y hay quienes piden caridad a los circunstanciales transeúntes.

Varias de estas madres tienen una historia en común: sus esposos quedaron desempleados en algún momento de la cuarentena y en sus hogares empezaron a escasear los alimentos esenciales. No tuvieron que meditar mucho para cargarse a sus hijos (a dos o tres) y salir a vender con el fin de ganarse, literalmente, el pan de cada día.

Esta responsabilidad que han asumido estas madres es, sin duda, muy importante para sus familias, pero que tiene sus bemoles a la hora de reflexionar sobre esta situación.

Es evidente que estas madres logran ganar algunas monedas para que sus hijos se alimenten - aunque sea medianamente- todos los días, si hay suerte, pero no es menos cierto que tanto las mujeres como sus niños se exponen a más de un riesgo.

El primer riesgo al que se exponen, tanto las madres como sus hijos, es a contagiarse con el coronavirus, porque para vender los productos y en el momento de recibir su gratificación, están en contacto con una infinidad de personas. Y eso sucede durante gran parte de la jornada.

Y como los niños son aún pequeños, y no están todo el tiempo bajo la estricta supervisión de sus progenitoras, corren el riesgo de ser atropellados.

Asimismo, los niños pueden resfriarse. Algunas madres entrevistadas por este medio coincidieron en afirmar que ese es el precio que deben pagar para "comer todos los días".

Aquí vale reflexionar sobre un punto en particular, ¿por qué estas madres no optan por dejar a sus hijos en sus hogares con los mayores? En algunos casos, la justificación salta rápidamente y es comprensible: no tienen a nadie más para lidiar con el cuidado de los pequeños.

En otros casos no hay un argumento válido y la única explicación que emerge de las miradas titubeantes de las madres es que, por así decirlo, utilizan a sus hijos para conmover algunos corazones.

Y, efectivamente, en algunos casos esta estrategia resulta, y hay quien suelta un par de monedas, aunque no acepta el producto, pero en otros casos no. Al contrario, lanzan ácidas críticas contra las mujeres porque consideran que, además de explotar a sus hijos, les exponen a riesgos innecesarios.

Empero, al margen de todas estas consideraciones, lo cierto es que si estas madres salen a trabajar es porque consideran que es una de sus últimas opciones, porque las cuarentenas han terminado por desbaratar sus ya malogradas economías, como sucede con miles de familias en Cochabamba y Bolivia.

En los últimos meses, el comercio informal se ha incrementado y las personas que han quedado sin trabajo hacen todo lo posible para sobrevivir mientras esperan una oportunidad para tener un empleo estable y mejorar sus ingresos.

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