Opinión Bolivia

  • Diario Digital | martes, 19 de octubre de 2021
  • Actualizado 07:30

Disputa de rutas con violencia y sin autoridad

Disputa de rutas con violencia y sin autoridad

Calles bloqueadas, vehículos con parabrisas rotas y llantas pinchadas, además de personas heridas, son algunas de las consecuencias que dejan las frecuentes peleas entre los transportistas del servicio público que se disputan las rutas más rentables, mientras que las autoridades municipales miran de palco o no atinan a reaccionar para restablecer el orden.

En los últimos días, dos líneas de transporte público de Tiquipaya (120 y 106) bloquearon la avenida Ecológica y se enfrentaron con palos, piedras y petardos, provocando zozobra entre la población que vive y transita por esta vía que une a Cochabamba con la denominada Capital de las Flores.

A mediados de agosto, un grupo de transportistas bloquearon varias calles y avenidas de Colcapirhua, causando molestia y perjuicio no solo a la población de ese municipio sino a quienes utilizan estas vías para dirigirse a Quillacollo y a otros departamentos.

De un tiempo a esta parte, los transportistas que reclaman “mejores rutas” para sus afiliados, o si consideran que están siendo avasallados por otras líneas de transporte, acuden al expediente fácil de bloquear las calles para hacerse escuchar, pero provocando un perjuicio a la población que no tiene nada que ver con esa demanda.

Lo que debe hacerse, inmediatamente, es reactivar los comités de transporte en cada municipio para atender las demandas insatisfechas, antes de que se conviertan en conflictos, y también para ordenar las ciudades, porque las vías no pueden soportar más tráfico de miles de vehículos que cada día congestionan las calles, además de contaminar el medioambiente.

Se ha mencionado, como alternativa, implementar el transporte masivo para evitar que sigan circulando miles de unidades que llevan máximo a cinco pasajeros, pero este proyecto no se lleva a la práctica por la oposición de los transportistas que alegan que muchas familias perderán sus fuentes de ingreso.

Y si bien tienen cierta razón, es también evidente que las calles de algunos municipios no pueden soportar más vehículos, porque cada día siguen sumándose más, por lo que se debe encontrar una solución salomónica.

Lograr una solución estructural está en manos de los comités de transporte (seguramente con la participación de los transportistas) que tienen la misión de regular el funcionamiento de todas las líneas que circulan en sus jurisdicciones, establecer los permisos correspondientes y adecuar las rutas, pero con imparcialidad, velando por el bienestar de la mayor parte de la población.

Si no se ordena el tráfico vehicular a la brevedad posible, intentar hacerlo a mediano plazo será una tarea casi imposible. Aún estamos a tiempo de ordenar las ciudades.

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