Opinión Bolivia

  • Diario Digital | martes, 15 de octubre de 2019
  • Actualizado 20:00

Después de los incendios

Después de los incendios

Desde agosto a la fecha, los incendios han arrasado con millones de hectáreas de zonas como la Chiquitanía (Santa Cruz), el Parque Nacional Tunari (Cochabamba) y Bella Vista (Tarija).

Hoy, gran parte de esas zonas están desoladas, convertidas en cenizas. Recuperarlas llevará su tiempo, pero con voluntad y una política clara, todo será posible.

Sin embargo, hay versiones que señalan que los sectores que fueron afectados por el maldito fuego no serán recuperados, sino que se convertirán en sitios para el cultivo de cocales o la construcción de viviendas ilegales.

 El vicario judicial del Arzobispado de Cochabamba, Miguel Manzanera, manifestó el miércoles que las tierras afectadas por los incendios en la Chiquitanía, por ejemplo, serán utilizadas para el cultivo de hoja de coca, porque en el Chapare ya están agotadas, según una nota difundida por el portal digital de Página Siete.

La aseveración que realiza el representante de la Iglesia católica es un tanto preocupante. Sin embargo, ello dependerá del control que se realice para impedir cualquier mal uso de estos terrenos por parte de personas inescrupulosas que solo piensan en ellas y no en el bienestar de todos los bolivianos.

Es preciso que las autoridades del área tomen los recaudos necesarios para supervisar todos los sectores que han sido devorados por el fuego. 

Asimismo, es necesario iniciar planes para reforestarlos y ver qué especies han sido dañadas y reponerlas. Para este objetivo, será importante la participación de especialistas que orienten a los responsables del área, de manera que se planten las especies más adecuadas y beneficiosas para el medioambiente.

No hay que negar que, por ejemplo, los loteadores que invadieron parte del Tunari han quemado varias áreas para luego hacer negocios con la tierra. Esta situación no es de ahora, sino de años atrás y producto de esto son las construcciones ilegales que hay en el lugar.

Por eso es importante que las autoridades, en el caso de Cochabamba, estén atentas a lo que suceda una vez que  el fuego sea sofocado en su totalidad y analicen qué áreas podrían ser presas de los loteadores o de otro tipo de intereses.

Lo mismo deberá suceder en el caso de la Chiquitanía, donde suponemos realizarán controles en coordinación con los comunarios e indígenas, quienes deberán coadyuvar en los trabajos de recuperación e impedir cualquier probabilidad de asentamiento humano adicional al que hay o la posibilidad de cultivar coca, tal como manifiesta el Vicario del Arzobispado de Cochabamba.

Ahora, el trabajo es de todos, pero más de quienes están cerca o viven próximos a las zonas afectadas por el fuego.

Ante cualquier intento, las comunidades deben alertar a las autoridades y no convertirse en cómplices como en algunas ocasiones sucedió.

Suponemos que las autoridades pondrán mayor atención no solo a la Chiquitanía o al Parque Nacional Tunari, sino a todas las reservas forestales  que existen en el país, toda vez que en reiteradas oportunidades han existido denuncias de explotación de madera, quema de áreas y plantaciones de la hoja de coca, entre otros.

Hoy más que nunca necesitamos proteger esos sectores y evitar cualquier atentado contra la naturaleza y la vida misma de todos los bolivianos.

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