Opinión Bolivia

  • Diario Digital | martes, 12 de noviembre de 2019
  • Actualizado 23:14

Denunciar el racismo

Denunciar el racismo

John Leguizamo, actor estadounidense de origen colombiano, lleva más de un año presentando en EEUU un monólogo teatral titulado “Latin History for Morons”, que podría traducirse como "Historia latina para tontos". La obra es una reivindicación del papel de los latinos en el país del norte, lo que, en el contexto actual, podría interpretarse como una provocación abierta a la política migratoria de Donald Trump, que predica la crimininalización de los emigrantes en Estados Unidos.

En una entrevista concedida a BBC Mundo, el actor recuerda que el origen de su monólogo se remite al matoneo (bullying) que sufría su hijo en un colegio estadounidense, donde sus compañeros los llamaban “frijolero” por considerarlo de origen mexicano. "Cuando vi los libros de texto que estudiaba mi hijo, no había representación latina por ningún lado. Me sentí como si valiésemos menos", cuenta el actor. Así fue que se lanzó  a preparar la obra, que presentó por primera vez en noviembre de 2017, en medio de un clima antimigrante aún más marcado que el reinante actualmente.

Desde su estreno en Broadway, el actor latino -conocido en el cine por su papeles en filmes como “Carlitos Way”, “El verano de Sam” y “Moulin Rouge!”- ha montado el espectáculo más de 80 veces en una treintena de ciudades de EEUU. Su público mayoritario son personas que lo admiran o que comulgan con el mensaje de su propuesta, pero no todos.

"Ocasionalmente hay una pareja, que suele ser blanca y un poco mayor en edad, que empieza a molestarse mientras ve el show. Y creen que es su derecho decirme que me devuelva a México o alguna locura así...", dice Leguizamo en la conversación.

Lejos de solo indignarle, esas manifestaciones de racismo le provocan risa al actor de 55 años, que nació en Bogotá, pero llegó a vivir en Nueva York a sus cuatro años. Tampoco han mellado el prestigio artístico de la puesta en escena, que en 2018 recibió un reconocimiento especial en los Premios Tony, que galardonan las mejores producciones teatrales estadounidenses. Pero, incluso más importante que los premios y el éxito de taquilla es que el monólogo ha abierto un escenario de diálogo y debate social en torno al racismo, uno de los lastres más pesados y dolorosos en la historia norteamericana.

No pocos creyeron que la llegada a la presidencia de Barack Obama, que gobernó durante dos gestiones consecutivas, podía poner fin al racismo en EEUU o, cuando menos, revelaba un clima de mayor tolerancia en el país que siempre ha vindicado su condición de crisol de culturas. Sin embargo, la votación que le otorgó la presidencia a Trump sirvió como un desmentido de esa creencia. Si a ese hecho político se le suman los varios crímenes de odio que se han registrado en los últimos años en esa nación, la posibilidad de haber desterrado el racismo no deja de ser más que una quimera.

De manera similar a EEUU, la asunción de Evo Morales a la presidencia significó para muchos una prematura muerte del racismo y la discriminación en nuestro país. Una muerte que, empero, no es tal, como lo venimos atestiguando en las últimas semanas, en los conflictos posteriores a las elecciones del 20 de octubre. Ni siquiera la ley creada para sancionar las conductas discriminadoras ha contribuido decisivamente a extirparlas. Esta puesta en escena del racismo en Bolivia ha cobrado ribetes de una virulencia nada disimulada, que, tal como lo hace Leguizamo en EEUU, hay que denunciar y condenar, venga de donde venga.