Opinión Bolivia

  • Diario Digital | lunes, 18 de noviembre de 2019
  • Actualizado 00:42

Una crisis sin mujeres a la cabeza

Una crisis sin mujeres a la cabeza

La crisis política posterior a las elecciones del 20 de octubre  ha revelado una notoria ausencia de liderazgos femeninos en los distintos bandos en disputas. Con eso no se quiere decir que las protestas que denuncian fraude electoral carezcan de participación femenina. Tampoco que el partido de Gobierno no exhiba mujeres en sus movilizaciones. No. Lo que se quiere decir es que las figuras más visibles de las facciones enfrentadas son hombres.

Pelea de “gallos”

Que la disputa política en el país esté encabezada solo por hombres ha llevado a más de uno a describir la coyuntura actual como una pelea de “machos” o de “gallos”.

Del lado de los principales sectores sociales que desconocen la victoria de Evo Morales en los comicios están el Comité Cívico Pro Santa Cruz, presidido por Luis Fernando Camacho, y el Comité Nacional de Defensa de la Democracia (Conade), que tiene como cabezas más visibles a Waldo Albarracín y Rolando Villena. 

En el terreno más partidocrático aparece Comunidad Ciudadana (CC), la alianza política de oposición mejor ubicada en las elecciones, que está liderada por su candidato presidencial, Carlos Mesa. Mesa fue también impulsor de la creación de la Coordinadora de Defensa de la Democracia, que, a raíz de las denuncias de fraude, convocó a la ciudadanía a movilizarse pacíficamente en los nueve departamentos del país. 

Su “acta de nacimiento” fue firmada por el presidenciable de CC, su candidato a la vicepresidencia, Gustavo Pedraza; el líder de Bolivia Dice No, Óscar Ortiz; el gobernador de Santa Cruz, Rubén Costas; el líder de Unidad Nacional, Samuel Doria Medina; el alcalde de La Paz, Luis Revilla; el gobernador de Tarija, Adrian Oliva; el rector de la Universidad Mayor de San Andrés, Waldo Albarracín; el exdefensor del Pueblo Rolando Villena; el presidente del Comité pro Santa Cruz; y el presidente del Comité Cívico Potosinista, Marco Pumari. Ni una sola mujer en la nómina.

Acaso, las únicas mujeres líderes del lado opositor son las que comandan manifestaciones más locales. Tal podría ser el caso de Andrea Barrientos, senadora electa por CC en Cochabamba, o de la maestra Norma Barrón, representante del Comité Cívico Popular cochabambino.

Del lado gubernamental, el panorama no ha sido muy distinto. Además del presidente Evo Morales y el vicepresidente Álvaro García, el Ejecutivo viene defendiendo su victoria electoral y denunciando a los opositores a través de figuras como los ministros de Comunicación, Manuel Canelas, y de Gobierno, Carlos Romero. Han sido contadas las apariciones públicas de las mujeres más visibles de la cúpula masista, entre ellas la ministra de Salud, Gabriela Montaño, o la presidente del Senado, Adriana Salvatierra. 

Que la disputa política en el país esté encabezada solo por hombres ha llevado a más de uno a describir la coyuntura actual como una pelea de “machos” o de “gallos”. Así lo ha manifestado en sus columnas la activista feminista María Galindo, para quien “Fernando Camacho y Evo Morales son complementarios”, porque, entre otras coincidencias, “ambos odian las libertades de las mujeres y la mariconada”.

En el manejo masculino de los conflictos políticos se observa taras como la tendencia a la confrontación y la poca predisposición al diálogo, algo que vienen demandando cada vez más sectores en virtud de la escalada de violencia. Puede que sea muy extremo responsabilizar de la crisis solo a sus cabezas masculinas, pero lo que no se presta a mayor observación es la ausencia de mujeres con capacidad de toma decisión en estos momentos en los que la democracia boliviana se juega su futuro inmediato. Es una expresión de las limitadas condiciones de inclusión en la política boliviana. ¿Sería diferente esta crisis de no estar comandada por hombres? La pregunta está planteada.