Opinión Bolivia

  • Diario Digital | viernes, 05 de marzo de 2021
  • Actualizado 15:18

Crímenes que envilecen a la sociedad

Crímenes que envilecen a la sociedad

El asesinato en Cochabamba de una joven trans, de 19 años, puso en la mesa de debate, una vez más, la intolerancia que aún existe en el medio contra algunos grupos o colectivos de personas que piensan o actúan diferente.

Los denominados crímenes de odio son impulsados por la homofobia y la transfobia que persisten en parte de la sociedad, manifestó el activista David Aruquipa, tras conocer este hecho.

Con el de esta joven, en el país se han perpetrado ya 65 crímenes de odio en contra de la población LGTB, de los cuales solo uno obtuvo sentencia condenatoria de 30 años.

La población LGTB empezó a manejar estadísticas de estos crímenes de odio, así como también se lo hace con los feminicidios, para visibilizar lo que sucede con determinados colectivos, a los cuales se agrede y estigmatiza por ser "diferentes".

Lo claro es que nadie puede ser vilipendiado ni agredido, y menos ser asesinado, por ser diferente, porque al fin y al cabo todos somos diferentes.

Tenemos que aprender a respetar al otro, a quien no comulga con nuestra forma de pensar o de ser, a quien viste diferente, a quien tiene una orientación sexual distinta, porque es su derecho, mientras no transgreda la norma ni haga daño a su prójimo.

Los crímenes de odio, que seguramente sucedían también en años pasados, cobran mayor relevancia hoy en día, porque existe alguien que se anima a levantar la voz para denunciar.

Empero, las estadísticas no deberían servir solamente para contabilizar este tipo de crímenes, sino, esencialmente, como una advertencia de que no estamos avanzando en el respeto de los derechos humanos de determinados sectores.

Este dato, de 65 personas asesinadas por odio, debe ser como la voz de nuestra conciencia que nos mueva a reflexionar para no permitir que se cometan más estos hechos abominables contra un ser humano.

La tolerancia y el respeto por la vida deben estar por encima de cualquier diferencia. Insistimos, no se puede discriminar a nadie por su origen, creencia, forma de pensar o ser.

La tolerancia hacia lo diferente debe empezar en el hogar, porque, lamentablemente, es en este espacio donde se discrimina a quien no se enmarca en los cánones tradicionales que impone el sistema. Hijos e hijas que son echados de sus hogares encuentran en la calle la única alternativa de sobrevivencia, pero también se exponen a riesgos como las agresiones e incluso el asesinato.

Cualquier delito que atente contra la vida de una persona, sin importar a qué grupo o clase pertenezca, es aborrecible, pero son más sentidas algunas muertes por la saña que se utiliza.

Es necesario respetar los derechos y la vida de las mayorías y de las minorías, sin importar, reiteramos, el color de la piel, la clase social, la forma de pensar o de vestir.

Aborrecible

Cualquier delito que atente contra la vida de una persona, sin importar a qué grupo o clase pertenezca, es aborrecible, pero son más sentidas algunas muertes por la saña que se utiliza.