Opinión Bolivia

  • Diario Digital | viernes, 07 de mayo de 2021
  • Actualizado 18:01

Corrupción: el monstruo de las siete cabezas

Corrupción: el monstruo de las siete cabezas

Cuando se busca en Google las palabras “corrupción en Bolivia”, aparecen una infinidad de páginas que abordan este latrocinio que sigue socavando los cimientos de las instituciones del país, a pequeña y gran escala. Un artículo publicado en el diario El Comercio, de Perú, por ejemplo, señala en su titular: “La corrupción azota a Bolivia a la par que el coronavirus”.

Este titular, publicado el 29 de mayo de 2020 en el diario peruano, es una muestra que sintetiza lo que ocurre en el país y la imagen que tienen de Bolivia los otros países en el contexto internacional, la de una corrupción galopante que, en vez de erradicarse, se consolida en un sistema permisivo, que en muchos casos se hace de la vista gorda cuando se descubren casos flagrantes.

El último hecho descubierto, en el que está involucrado el ahora exministro de Desarrollo Rural y Tierras, Edwin Characayo, quien fue filmado recibiendo un soborno de 20 mil dólares, confirma, una vez más, que la lucha para erradicar la corrupción no está dando resultado, ya sea porque es un mal que se ha encaramado en todas las instancias públicas o porque existe negligencia en quienes están encargados de acabar con esta lacra.

Y cada vez que se destapa un nuevo caso de corrupción, se confirma que para algunos funcionarios públicos el sueldo que perciben es lo de menos, porque ganan 10 veces o más con los sobornos que reciben durante su carrera en la función pública.

Y, lamentablemente, podemos afirmar que la corrupción se ha convertido en una moneda común en los últimos gobiernos.

Cuando se habla de corrupción en cualquier reunión social, taller, curso, o entre amigos, inmediatamente llegan en tropelía términos como Catler, Entel, YPFB, BoA, Fondo Indígena, Respiradores y Armamento, entre otros.

Estos casos de corrupción, además de dejar la imagen del país por los suelos, provocan un daño de cientos de millones de dólares, en un país que no precisamente vive en una bonanza económica.

Con estos millones de dólares que se defraudan al erario nacional, se podrían construir decenas de hospitales, contratar más personal médico y maestros para las escuelas que no tengan ítems y un largo etcétera.

Si cometer un acto de corrupción es de por sí un delito deplorable y que debe ser castigado con la mayor severidad, en época de emergencia sanitaria deberían agravarse las penas, para sentar un precedente.

Pero, mientras el sistema judicial siga siendo benevolente con los corruptos, estos seguirán actuando bajo la mayor impunidad y con la seguridad de que recibirán protección. Es hora de que se acabe con la corrupción porque se trata de un monstruo de siete cabezas que amenaza con devorar a todos, y cuidado que ya no haya un punto de retorno.

Alerta

Es hora de que se acabe con la corrupción porque se trata de un monstruo de siete cabezas que amenaza con devorar a todos, y cuidado que ya no haya un punto de retorno.

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