Opinión Bolivia

  • Diario Digital | jueves, 06 de agosto de 2020
  • Actualizado 20:15

El coronavirus y las tradiciones

El coronavirus y las tradiciones

La llegada del coronavirus a nuestro país está cambiando nuestra forma de vida. No solo debemos vivir aislados y poco menos que confinados en nuestras casas, sino debemos comenzar a mentalizarnos que la forma de celebrar una tradición ya no será como antes.
Todos debemos estar conscientes de que en estos momentos estamos luchando por la vida, debemos cumplir la cuarentena total de forma responsable para evitar que más personas sean contagiadas y mueran con el COVID – 19. Habrá tiempo para seguir cultivando las tradiciones que nos identifican dentro y fuera del país, aunque ya se dice que deberemos aprenden a vivir en un mundo diferente, en un mundo distante.
Los rituales por Semana Santa que tradicionalmente eran practicados por miles de católicos en Cochabamba y el resto del país, este año han tenido que ser ciertamente postergados o, en algunos casos, transmitidos por la televisión y las plataformas virtuales.
La visita a los templos la noche de Jueves Santo, el lavado de pies, la renovación de votos de los sacerdotes y las masivas eucaristias quedaron suspendidas. Pero ello, no impidió que los fieles católicos recuerden la Semana Santa y compartan en familia los tradicionales platillos.
Una de las actividades más esperadas de esta celebración católica es la procesión de Viernes Santo. Sin embargo, en esta oportunidad y por primera vez en 67 años, el Santo Sepulcro no fue llevado en hombros por los denominados Caballeros del Santo Sepulcro, que usualmente encabezan el acto que recorre las calles cochabambinas.
Estas tradicionales ceremonias religiosas, que se extienden hasta el Domingo de Resurrección, se cumplieron a medias y a puertas cerradas, dada la situación que vive el país.
De acá en adelante habrá que acostumbrarse a celebrar de distinta manera las tradicionales fechas. Por ahora, pero sin perder la fe, primero está la vida, tu vida, de la familia, de los amigos y de todos. El virus no perdona, no discrimina, ataca y mata. Si uno no asume la responsabilidad de cuidarse, no espere que otro lo haga.