Opinión Bolivia

  • Diario Digital | miércoles, 26 de febrero de 2020
  • Actualizado 16:20

Contrabando y el golpe a agricultores

Contrabando y el golpe a agricultores

No es una demanda reciente. El reclamo de los productores de hortalizas, frutas y tubérculos de Cochabamba, Tarija y Santa Cruz, especialmente, data de hace más de una década; tiempo en el que, poco a poco, están quedándose sin mercado para vender sus productos, debido a que el contrabando desde los países vecinos de Bolivia genera una competencia desleal. 

El contrabando de estos productos alimenticios desde Perú, Chile y Argentina se constituye, hoy en día, en un  gran problema para varios países de la región, entre ellos, Bolivia.

Las pasos fronterizos de Desaguadero y Yunguyo con Perú;Tambo Quemado y Pisiga con Chile, y Bermejo y Villazón con Argentina, son los seis lugares por donde ingresa la mayor parte de contrabando de tomate, papa, cebolla y una variedad de frutas, que está afectando la producción local. 

Los productores nacionales, quienes labran, siembran y cosechan con sus propias manos, sin uso de tecnología sofisticada, no pueden competir con los precios de los mismos productos que ingresan ilegalmente al país. Al margen del contrabando, la importación legal también afecta a los agricultores, puesto que el ingreso legal de verduras, hortalizas y frutas se incrementó considerablemente. Según datos de la Cámara Agropecuaria de Cochabamba, hace 18 años entraban 21.700 toneladas y ahora más de 53 mil.

Por esta razón, es imperioso que  —en el ámbito nacional— los actores involucrados tomen las acciones necesarias lo antes posible, para contrarrestar el daño económico que provoca este flagelo a los productores cochabambinos y del resto del país.

La Aduana y el Viceministerio de Lucha contra el Contrabando deben analizar la situación actual del contrabando en las diferentes zonas fronterizas, para adoptar de manera  conjunta medidas de control, y generar las estrategias orientadas a combatir eficientemente este delito.

Llevar a cabo un control minucioso en los mercados o puestos ambulantes para decomisar los productos de contrabando, puede ser complicado de operativizar; uno, porque no existe la cantidad suficiente de efectivos municipales para realizar esta tarea y dos, porque determinar el origen es una labor complicada.

Lo más pertinente es que esos productos no ingresen ilegalmente a territorio boliviano, de lo contrario, es como que, después de “muerto el burro, se quiera poner tranca al corral”.