Opinión Bolivia

  • Diario Digital | domingo, 23 de febrero de 2020
  • Actualizado 10:31

Combatir el culto a la personalidad

Combatir el culto a la personalidad

Como sostiene el analista político y comunicador Andrés Oppenheimer, en varios países de la región y del mundo, los presidentes usan buena parte de su tiempo y recursos estatales en campañas de auto-glorificación y culto a su personalidad, en muchos casos, para tratar de eternizarse en el poder. 

Si bien esta es una mala práctica enraízada en las gestiones gubernamentales, están surgiendo voces de protesta para combatir el culto a la personalidad. 

Algunas autoridades que asumieron la presidencia de sus países están “tomando cartas en el asunto”. Un claro ejemplo son las determinaciones de los presidentes de Costa Rica (2014) y Ucrania (2019), quienes prohibieron el uso de sus nombres en letreros que son colocados en obras oficiales y el de sus retratos en las oficinas públicas. 

A esta tendencia se sumó la presidenta de transición de Bolivia, Jeanine Ánez, con la aprobación de un decreto, el mismo que señala: “Se prohíbe el uso de la imagen en líneas gráficas, institucionales, letreros de información de obras públicas y en la publicación, difusión e impresión de papelería para frenar el culto a la personalidad”.

Esta decisión trata de contrarestar el excesivo culto a la personalidad que implementó el expresidente Evo Morales, quien tenía más de 100 obras —entre establecimientos educativos, calles, barrios, coliseos deportivos, mercados, por mencionar algunos— denominados con su nombre. Esto sin contar que, no había obra  grande o pequeña que no tuviera un letrero o valla con la imagen del exmandatario.

Pero,  Evo no era el único que lo hacía. Situación un tanto similar, ocurría con alcaldes y gobernadores que tampoco perdían la oportunidad para que su imagen esté presente en gigantografías, cuadernos, entre otros.

La reverencia al nombre de un presidente u otra alta autoridades tiene que ser cosa del pasado. No hay razón para colocar su fotografía en ninguna obra pública, porque estas no son pagadas con dinero de su bolsillo, sino  por el pueblo, con sus impuestos. 

Además, no hay motivo para colgar su retrato en las oficinas públicas, porque las decisiones gubernamentales no son adoptadas solo por una persona, sino que lo hace con la ayuda del gabinete y otros funcionarios estatales.

Los bolivianos no estamos en condiciones económicas para despilfarrar dinero en un asunto tan frívolo como fomentar el ego de las autoridades.