Opinión Bolivia

  • Diario Digital | jueves, 02 de julio de 2020
  • Actualizado 19:00

Cementerios para víctimas de COVID-19

Cementerios para víctimas de COVID-19

15 muertos por el coronavirus fueron reportados el domingo, en Cochabamba. Fue el número más elevado desde que se dieron a conocer las primeras víctimas en el departamento. Hasta el 28 de junio, la cifra total de fallecidos llegó a 165, cantidad mayor a las personas contagiadas que lograron recuperarse.

La situación de complica para las familias que apenas pueden dar cristiana sepultura a sus seres queridos, porque solo pueden cremarlos o, en el mejor de los casos, enterrarlos en un cementerio bajo tierra.

En Cochabamba solo hay dos crematorios, uno en Cercado y el otro en Sacaba. En ambos solo se puede cremar tres cuerpos cada día, ya que cada uno demanda un tiempo de al menos tres horas.

En el Cementerio General de Cochabamba no existe un espacio destinado para entierros bajo tierra. Situación similar se da en los otros municipios del eje metropolitano (Sipe Sipe, Vinto, Quillacollo, Colcapirhua, Tiquipaya y Sacaba).

Considerando la cantidad de muertos que se registran en los últimos días, hay varios cuerpos en espera de ser cremados, situación que es por demás preocupante y altamente peligrosa.

Ante esta situación dramática y dolorosa, es importante que las autoridades municipales, al menos del eje metropolitano, busquen una alternativa conjunta para enterrar los cuerpos de las personas que mueren con la COVID -19. 

En ese sentido, podrían habilitar un nuevo campo santo exclusivo para ese tipo de fallecidos, tal como lo hizo Beni, que ante la masiva muerte por el virus, las autoridades se vieron obligadas a buscar un terreno en las afueras de Riberalta y Rurrenabaque para depositar a los fallecidos.

El administrador del Cementerio General, Benedicto Gonzáles, señaló a este medio de comunicación que, en el mejor de los casos, cuando comienzan a cremar los cuerpos a las 6 de la mañana y los muertos son “flaquitos” pueden incinerar hasta tres cuerpos en una jornada. Señaló que la única solución para evitar que se acumulen más muertos es habilitando un nuevo crematorio, pero, esto demoraría al menos 90 días, vale decir, que estaría funcionando en octubre, si es que la Alcaldía agiliza la adjudicación de las obras.

Mientras tanto, los cuerpos de las víctimas de la COVID-19 permanecen en la morgue en espera de un espacio para ser cremadas o enterradas. Si el número de fallecidos continúa creciendo, será insostenible mantenerlos en ese lugar, porque no hay muchas cámaras de refrigeración para guardarlos de manera correcta y que no representen un riesgo para la salud del personal que trabaja en el Instituto de Investigaciones Forenses (IDIF).

Es bueno mencionar que este problema -la falta de crematorios y de cementerios- se tiene en Santa Cruz, donde solo funcionan dos de los tres centros; en La Paz hay dos y tampoco abastece la demanda, ya que, además de incinerar a los muertos por COVID-19, deben atender a los que pierden la vida por otras causas y sus familiares deciden cremarlos.

No podemos dejar de lado lo que sucedió en Ecuador, donde los muertos permanecieron por varios días dentro de sus casas o en las calles por falta de un lugar para enterrarlos. Ese mismo drama se vive en algunas ciudades de Brasil, Perú y Chile. 

Esperemos que las autoridades cochabambinas también tomen en cuenta el tema de los muertos y los lugares para enterrarlos o cremarlos. Es mejor buscar una solución de forma conjunta y optimizar esfuerzos y recursos económicos, que, ahora más que nunca, se necesitan para desplegar las estrategias que permitan frenar la propagación del mortal virus.