Opinión Bolivia

  • Diario Digital | sábado, 17 de abril de 2021
  • Actualizado 23:35

Burocracia al extremo

Burocracia al extremo

El alcalde electo del municipio de Cochabamba, Manfred Reyes Villa, quien asumirá el cargo el próximo 3 de mayo, enfrentará una infinidad de problemas, como parte de la herencia que le dejará la actual administración edil.

La nueva gestión no solo tendrá que lidiar con el conflicto del botadero de K'ara K'ara, que es recurrente, además de la falta de servicios básicos en muchos barrios, sino también cargará sobre sus espaldas las millonarias deudas que el municipio contrajo en los últimos años, la más elevada es la que tiene con las empresas constructoras.

A nadie sorprende que el municipio sea una entidad que demora en el momento de pagar por los servicios o trabajos que encarga a empresas externas, pero que no cumpla con esta obligación en tres años implica no solo una exagerada burocracia, sino también negligencia de los funcionarios encargados de licitar las obras y pagar por ellas.

Si las empresas constructoras realizan obras para el municipio, tienen derecho a cobrar en los plazos previstos por la normativa municipal, sin la necesidad de acudir a medidas de presión o a los estrados judiciales.

El común de las personas no entiende por qué la Alcaldía no cancela a tiempo sus obligaciones económicas y se demora uno, dos, tres o más años para pagar, tal como denuncian las constructoras, cuyos representantes bloquearon los cuatro ingresos de la plaza 14 de Septiembre, exigiendo una deuda de 55 millones de bolivianos, que se arrastra desde 2018.

Se podría entender que el municipio no cancele sus deudas a las empresas constructoras cuando existen deficiencias en las obras entregadas, pero en el caso particular de esta última protesta, los constructores informaron que se trata de trabajos concluidos en 2018 y entregados al municipio sin observaciones.

En todo caso, si los procesos de ejecución son muy largos, los técnicos de la Alcaldía tendrán que evaluar y, en su caso, proponer mecanismos que permitan construir las obras con más celeridad y, en consecuencia, cumplir con los pagos en menores tiempos.

Eso no implica, claro está, que por acortar los plazos se construyan y reciban obras defectuosas, pero los tiempos no deben ser exageradamente largos porque eso impide que la ciudad cumpla con los objetivos propuestos para una determinada gestión.

Y si se verifica que son los funcionarios los que están fallando, o son negligentes, se tendrá que pensar en sanciones y, en casos extremos, contratar personal más eficiente que no anteponga sus intereses partidarios a los de la comunidad.

Lo importante será mejorar el sistema de adjudicación de las obras, la supervisión correspondiente, la entrega final y el pago de las planillas. Solo así podremos avanzar como ciudad con paso firme.

Mejoras

Si los procesos de ejecución son muy largos, los técnicos tendrán que proponer mecanismos que permitan construir las obras con más celeridad y cumplir con los pagos en menores tiempos.

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