Opinión Bolivia

  • Diario Digital | domingo, 24 de octubre de 2021
  • Actualizado 03:03

Bolivia, entre movilizaciones y paros

Bolivia, entre movilizaciones y paros

Después de una movilización, paro o bloqueo que se realiza por cualquier motivo, tanto oficialistas como opositores se apuran en calificar de éxito o fracaso la medida. 

Quienes implementan una medida de presión aseguran que la misma es acatada por casi la mayor parte de la población, mientras que los detractores afirman que solo grupos pequeños se movilizan.

Sin embargo, lo que se debe tomar en cuenta es que cualquier protesta, más aún cuando se bloquean las calles y hay violencia de por medio, es perjudicial para la mayor parte de la población.

Es perjudicial porque se impide el libre tránsito de las personas que tienen la necesidad de realizar diversas actividades, es pernicioso porque se paraliza el aparato productivo, pero, lo más preocupante, es que la brecha de odio se hace cada vez más grande entre los grupos enfrentados, es decir, la tan mentada polarización es más evidente entre bolivianos, cuando deberían primar la unidad, el entendimiento y la solidaridad.

El pasado lunes, los comités cívicos del país realizaron un paro en el que hubo bloqueos que, de cierta forma, paralizaron algunos sectores, con los consiguientes perjuicios. Al día siguiente, como una forma de demostración de poder, el Movimiento Al Socialismo convocó a una concentración en defensa de la wiphala, movilización que también generó perjuicio a la población.

Tras una protesta, inmediatamente el grupo que se siente agraviado replica con una movilización, generando incertidumbre en la población que no sabe a qué atenerse y provocando perjuicios en la economía.

La movilización y el paro, entre otras medidas, son recursos válidos para expresar el desacuerdo sobre algún tema en particular o para reclamar una necesidad insatisfecha, pero que se devalúan cuando se las utiliza por cualquier motivo, incluso por los asuntos más fútiles.

En los casos importantes, que involucran a grandes sectores de la población, lo que se debe hacer, o por lo menos intentar, es agotar el diálogo y la concertación, para que se puedan resolver las diferencias o resolver las demandas insatisfechas, pero tomando en cuenta a todos, no solo a quienes profesan las mismas ideas o apoyan determinada gestión.

Tratar de demostrar quién tiene mayor fuerza es el camino equivocado, porque con eso solo se consigue ahondar el odio crónico que ha estado presente en la sociedad boliviana, y todo por intereses de ciertos grupos que buscan beneficios económicos y el poder.

Antes de que la situación se agrave aún más, es oportuno reflexionar y cambiar radicalmente la forma en la que se dirige el Estado, las instituciones, las organizaciones. Es hora de gobernar y dirigir para todos, sin resentimiento, buscando la unidad, como se pregona, aunque no necesariamente se piense igual.

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