Opinión Bolivia

  • Diario Digital | domingo, 29 de noviembre de 2020
  • Actualizado 08:50

Áñez y su paso por Palacio

Áñez y su paso por Palacio

Hace casi un año, el 12 de noviembre de 2019, la entonces senadora beniana por Demócratas Jeanine Áñez se convirtió en la segunda mujer en llegar a la Presidencia de Bolivia. Lo hizo de forma impensable y cuando el país se debatía en una escalada de violencia, tras los hechos derivados de la anulación de las elecciones generales y la renuncia del expresidente Evo Morales.

Asumió el cargo arropada por políticos de su partido y dirigentes cívicos cruceños. Con la Biblia en mano y con lágrimas, asumió el reto de pacificar el país y convocar a nuevas elecciones. 

Los primeros días no fueron nada fáciles, pero luego de intensas negociaciones con parlamentarios del Movimiento Al Socialismo (MAS) y dirigentes de organizaciones sociales afines a ese partido político, Bolivia poco a poco fue retomando una relativa tranquilidad. Se eligió a las nuevas autoridades del Tribunal Supremo Electoral (TSE) para garantizar la transparencia que clamaba el país tras los hechos del 20 de octubre.

Cuando todo se encaminaba para el esperado proceso electoral, el 25 de enero, a poco más de dos meses de iniciar su gestión, la Mandataria sorprendió con el anuncio de su candidatura para la Presidencia. Esa decisión marcó un antes y un después en su gestión.

Es entendible que cualquier boliviano, más aún un político, tenga ambiciones para llegar al Palacio Quemado, pero no era el momento para que Áñez deje su principal misión para la cual había sido designada. Ser candidata presidencial para quedarse en el gobierno por cinco años, peso más que solo cumplir la tarea de asegurar una transición democrática.

Ese mal cálculo político le provocó un desgaste que ni siquiera su renuncia a la postulación, a casi un mes de los comicios generales, logró revertir esa mala imagen que plasmó en la mayoría de los bolivianos que le habían dado su respaldo y confianza.

En su corto mandato, le tocó lidiar con el mortal coronavirus; si bien fue un acierto declarar la cuarentena rígida en todo el país para frenar la propagación del virus, se aplazó en la compra de insumos y equipos para enfrentar la pandemia ya que se detectaron varios hechos de corrupción que involucraron a autoridades de todo nivel y hasta a un exministro.

La corrupción fue un mal que no logró frenar, pese a promesas y advertencias. Se reportaron denuncias en ENTEL, YPFB, en la compra de agentes químicos para la Policía y Fuerzas Armadas, entre otros casos, pero, lamentablemente no fueron investigados y tampoco se sancionó a los culpables.

A horas de que abandone Palacio, la Presidenta deja varios temas pendientes que no fueron aclarados, y por los que es posible que enfrente un juicio de responsabilidades impulsado por el MAS. La acusan de ser responsable de aprobar resoluciones contrarias a la Constitución, incumplimiento de deberes, genocidio, asesinato, lesiones graves, lesión seguida de muerte, asociación delictuosa, privación de libertad y desaparición forzada de personas.

Áñez tuvo que hacerse cargo de Bolivia en momentos muy críticos, por lo que será reconocida, pero, lamentablemente su gestión estuvo marcada por la corrupción y también la violencia, hechos que difícilmente podrán ser borrados de la historia del país.