Opinión Bolivia

  • Diario Digital | jueves, 29 de febrero de 2024
  • Actualizado 15:45

Hay agua, pero no redes para distribuir

Hay agua, pero no redes para distribuir

Pobladores de Quillacollo, en la localidad de El Paso, celebraron este jueves la llegada del agua potable a un tanque en la zona de Molle Molle. Sin embargo, la algarabía inicial dio lugar a la desazón, toda vez que en este municipio los vecinos no cuentan aún con la red de distribución a sus hogares.

La situación de Quillacollo se repite en otros municipios del Valle Bajo, como Colcapirhua y Tiquipaya, pese a que las alcaldías tenían conocimiento que Misicuni entregaría agua potable una vez que se construyeran las aducciones.

La necesidad de contar con agua potable es tal en decenas de barrios de Quillacollo y Colcapirhua, que los vecinos están dispuestos a invertir recursos económicos propios para resolver esta contingencia que debió ser encarada por las alcaldías desde hace por lo menos cinco años.

Sacaba es uno de los pocos municipios que sí tomó la previsión de construir redes de distribución a las viviendas, por lo que aguarda la llegada del agua de Misicuni para los primeros días de diciembre.

Lo más lamentable en el caso de los municipios del Valle Bajo es que los alcaldes de las diferentes gestiones fueron advertidos de que debían preparar las redes de distribución ante la llegada inminente del agua de Misicuni, sin embargo, no le dieron la importancia que merecía este tema tan fundamental para la vida de la población.

El presidente de Misicuni, Oscar Zelada, informó que, inicialmente, se está bombeado 50 litros por segundo a uno de los tanques, pero que se puede incrementar hasta 100 litros, “sin problema”.

Empero, ¿de qué serviría acumular agua en tanques de almacenamiento si no se podrá distribuir por falta de redes?

En Quillacollo se han construido cinco tanques de almacenamiento, con los cuales, según Misicuni, se podrá abastecer al 58% del área total de este municipio, uno de los más poblados de Cochabamba.

Para evitar mayores perjuicios a la población del Valle Bajo, que requiere con urgencia agua potable, los municipios deben trabajar a contrarreloj en proyectos que garanticen la construcción de redes de distribución, caso contrario los alcaldes deberían ser procesados por negligencia y atentar contra un derecho fundamental como es el agua potable.

En el caso de Colcapirhua, por ejemplo, un gran porcentaje de la población consume agua contaminada con metales pesados y heces fecales, por lo que Misicuni es una alternativa que podría aliviar su situación, y sobre todo eliminar el riesgo de enfermar a largo plazo.

Las alcaldías están a tiempo de reaccionar, elaborar proyectos y construir a la brevedad posible las redes de distribución de agua potable, incluso acudiendo al apoyo del Gobierno central, caso contrario deberán rendir cuentas a la población.

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