Opinión Bolivia

  • Diario Digital | martes, 27 de julio de 2021
  • Actualizado 08:38

¿Y la verdad?

¿Y la verdad?

“La defensa con mentiras de causas verdaderas las debilitan hasta ponerlas en riesgo” es una reflexión de minibús sobre la cual conversábamos hace algunos días. Tenía que ver con un animalista que enarbolaba la defensa de las mascotas usando una vieja noticia fake, que encima denigraba un periodista. La mentira contaminaba la defensa animalista y, además, deterioraba la calidad moral de las denuncias del colectivo.

Los fines de nuestro accionar son quienes orientan todos nuestros desplegar en lo cotidiano; sin embargo, los fines no pueden desligarse de los medios que nos llevan hacia esos fines. Por eso cuando me toca hablar de esto a mi alumnos, siempre uso dos historias: Primero la del conejo de  Alicia en el País de las Maravillas que le responde: “Si no sabes a dónde vas, cualquier camino te llevará allí”. Y, por otro lado, la del monje que andaba sobre una mula mirando hacia atrás, que ante la consulta de un niño sobre su postura, le responde: “tan importante como saber dónde llegar es saber cómo uno llega allí”.

Por eso ciertos asesores de campañas electorales a la pacotilla, resultan endebles a la hora de gobernar, cuando en las campañas recomiendan que lo importante es llegar a ser electos sin importar las promesas que nos permitan hacerlo.

Creo que los seres humanos devaluamos el valor de la verdad en nombre de las causas justas. Así como esparcimos rumores “por si acaso”, mentimos si con ello justificamos un fin mayor.

Hay ciertos grupos o sectores -apasionados de sus causas-  que se debilitan con el “por si acaso”; hemos dejado la presunción de inocencia para obligar a mucha gente a defenderse de acusaciones infundadas sabiendo que podemos convertirlos en víctimas de la “verdad” de sus acusadores. Damos “click” y compartimos jurando que con ello ya hicimos justicia, ya contribuimos a la causa.

La verdad está malherida, víctima de los justicieros que dejaron de comprender su valor y la cambiaron por su “trucha” justicia de internet.

Sin pensarlo, estábamos escarbando en una vieja discusión sobre la coherencia en el accionar, es decir, un viejo dilema ético. Platón en la Apología termina el libro con el discurso de Sócrates: "No tengo nada más que decir. Ya es la hora de partir: yo a morir, vosotros a vivir. ¿Quién va a hacer mejor negocio, vosotros o yo?”.

SERENDIPIA

DINO PALACIOS

Doctorante en Ciencias Políticas  y Jurídica

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