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  • Diario Digital | lunes, 27 de mayo de 2024
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Los “vivos” de la fila

Los “vivos” de la fila

Dicen que lo más importante que una persona necesita aprender lo hace en el preescolar/jardín de infantes o kínder. Allí se aprende a compartir, a jugar limpio, a no pelear, a limpiar lo que uno ensucia, a pedir perdón y también a hacer fila. A estas alturas pienso que si no lo aprendes ahí, ya no lo haces más.

Hacer fila es una forma que naturalmente asumimos, mediante la cual establecemos un orden para la acción, cediendo el paso conforme al orden de llegada. Es respetar y establecer un orden no verbalizado que generalmente es respetado por todos.

Aclaro que no me refiero a las colas o filas establecidas en muchos servicios, generalmente públicos, las cuales son un mecanismo que demuestra ineficacia e ineficiencia institucional, y muchas veces están asociadas con corrupción y avivamiento de unos pocos.

No me refiero a ese recurso de las fichitas o de marcar el lugar, o incluso el enumerarse, que son recursos de la ciudadanía para aportar algo de organización al caos de las eternas filas. Me refiero a las filas que se tienen que hacer sí o sí.

Lo que me indigna es cuando alguien, que más bien parece algo, en un afán de hacerse el "vivo", llega último y se adelanta, por ejemplo, asaltando el minibús, el taxi o el colectivo. Por supuesto, al hacerlo, ignora a niños, adultos o ancianos. Pareciera que el secreto está en la ubicación estratégica, por lo que se adelantan y pelean por llegar primeros a la puerta del transporte.

Lo mismo ocurre en las filas para un servicio, como en un banco, donde se hacen pasar por población beneficiaria de algún trato especial. Y ahí los ves fingiendo estar embarazadas o ser de la tercera edad o lo que sea.

En realidad, en estas situaciones intervienen al menos tres tipos de actores: los "vivos", que en realidad debiéramos denominarlos como los "tramposos" o los falsos; la gente en la fila que les permite hacerlo y es la que resulta engañada y, finalmente, los que prestan el servicio, que en la mayoría de las veces no detienen la irregularidad y se vuelven cómplices.

Al final, lo que está en juego es el respeto hacia el otro. El respeto no solo es un principio ético, es la base para construir relaciones en la sociedad y los valores necesarios para promover la convivencia y vivir en la diversidad.

SERENDIPIA

DINO PALACIOS

Ciudadano

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