Opinión Bolivia

  • Diario Digital | lunes, 05 de diciembre de 2022
  • Actualizado 14:35

Sobre ruedas

El miedo suele ser el peor y el mejor compañero de un ciclista. Yo lo soy y tengo miedo. Miedo a los poderosos dueños de las calles: los conductores de automóviles. 

Los ciclistas en Bolivia, como en muchos lugares del mundo, han desarrollado un sentido extra que les permite detectar cuándo serán casi embestidos por estos extraños seres que creen que asustar un ciclista, arrinconarlo o hacer que se caiga es casi un deber.

Ser ciclista es mucho más que tener una bicicleta. Es montarse en dos ruedas, salir a la calle y ser un ciudadano.  Como los peatones, los ciclistas ven las ciudades desde abajo. También, como los peatones, son olvidados por las autoridades locales que priorizan a los poderosos de cuatro ruedas.

Sin generalizar, puedo asegurar que muchos conductores de “automóviles” creen que adquieren algún poder que les permite vestirse de bestias y actuar como tales, nada más su mano toca su enérgica bocina. Puedo casi imaginar qué piensan cuando pasan a cinco centímetros de la bicicleta. Seguro que metro y medio para ellos es la medida que les permite ganar cinco segundos. 

El “metro y medio” que salva vidas es la distancia de seguridad al adelantar ciclistas. A nivel mundial se reclama “un metro y medio” de distancia lateral que debe dejar el conductor con respecto al ciclista o a un grupo de ciclistas, a los que adelanta. En una gran mayoría de países ya es una ley, acá seguimos socializándola.

Los peores, entre las bestias, son los conductores del transporte público, afirmación en base a la experiencia y al margen de todo prejuicio. Podría guiarme por aquello de que los transportistas fueron la punta de lanza de intereses vándalos que llegaron a destruir impunemente propiedad pública, como los Puma Katari en La Paz. 

Por experiencia vivida, “los minibuseros” son los peores y ocupan el primer lugar, seguidos muy de cerca por “los radio taxistas”. 

Los ciclistas al igual que los “runners” se saludan cuando se encuentran en la calle. Si alguno de ellos ha tenido algún percance, como una caída que siempre son frecuentes, se detienen, ofrecen ayuda y en su caso ayudan. Limpian la basura de las calles que encuentran a su paso. Y es frecuente verlos compartir sus aguas con algún perrito abandonado de la calle.  Es decir, son lo que todos debemos ser: ciudadanos.

SERENDIPIA 

DINO PALACIOS

Doctorante en Ciencias Políticas  y Jurídica

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