Opinión Bolivia

  • Diario Digital | martes, 29 de noviembre de 2022
  • Actualizado 12:50

Hasta siempre Don Percy

Hasta siempre Don Percy

Cada vez que he intentado escribir sobre la muerte, he terminado en los hechos evadiendo el asunto. Ya sea acudiendo a reflexiones antropológicas del tema con disquisiciones desde las sociedades occidentales vs las orientales, o he introducido los sesgos que las tradiciones religiosas nos imponen para tratar de entender lo que ocurre.

Sin embargo, a la hora en que te enfrentas a ella quedas paralizado. Vivir una muerte, es una experiencia única.  Sin duda, con afectación a los que nos quedamos. 

La magnitud de la muerte en nuestras vidas  supone cierta cercanía al hecho, en mi caso mi primera experiencia fue cuando murió mi abuelita. Y probablemente en el otro extremo, es decir la que consideraba como la experiencia vivida más intensa -otra vez en mi caso- creía que fue cuando mi padre murió. 

Es decir, después de haber experimentado varios episodios de muerte cercanos, consideras que ya tienes algún nivel de preparación y experiencia y habilidades para enfrentarla. Pero ocurre, que frente a una nueva muerte significativa en tu vida, lamentablemente te das cuenta que no estás preparado. Que todo lo que creías que sabías, no te sirve de nada y otra vez te quedas mudo, sin saber qué decir o qué hacer.

El sufrimiento en la vida es la constante, ya sea por la enfermedad, el envejecimiento o la muerte. Estoy convencido que si supiéramos enfrentar esa realidad, aprendiendo cada día a vivirla dejaría de afectarnos como lo hace. 

Cuando examino lo que me ha ocurrido en la vida, siempre digo que la vida ha sido muy afortunada conmigo, porque me dio la oportunidad y la riqueza de tener varias madres en ella: mi mamá, mi abuelita y, Filomena, mí nana. Creía que solo era eso, pero otra vez la vida me recuerda que soy muy afortunado al haber tenido a mi papá en ella y a quien de alguna particular forma, por sus consejos, sus orientaciones y los sentimientos para con los míos, actúo como un padre. 

Ha partido uno de los hombres que he admirado por su tan humana forma de ser. Con virtudes admirables y con defectos llevados con absoluta honestidad y dignidad. Nos dejó parados intentando dar marcha atrás a los días. Se fue como quería, con un café y su crucigrama. La suerte de los buenos, dicen.  Gracias y hasta siempre Don Percy.

SERENDIPIA

DINO PALACIOS

Ciudadano

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