Opinión Bolivia

  • Diario Digital | lunes, 05 de diciembre de 2022
  • Actualizado 14:08

La pesadilla de tener 15 y 18

La pesadilla de tener 15 y 18

Como en el más terrorífico embrujo de cuento infantil, miles de quinceañeras vieron esfumarse su fiesta de 15 años.  La bruja malvada -COVID 19- hizo desaparecer vestidos, luces, damas y brindis.

Para la bruja malvada no solo se ensañó con las quinceañeras. Se metió en mi vida para arrebatarle a mis mellizas todo su “año de promo”. Todo empezó el día de la “toma de nombre” era un viernes. Todos estaban involucrados y preparados. Los del colegio con la organización, la promoción con las invitaciones y la logística, los padres con los festejos, flores y demás rituales asociados. El jueves previo se declaró la cuarentena con la prohibición de reuniones de más de 100 personas. El acto de toma de nombre se suspendió casi al finalizar la mañana de ese viernes. Los vestidos se quedaron en el colgador. La corbata no se estrenó. La cita con la peinadora debió cancelarse. Las flores quedaron marchitas y un gran salón sin las risas y emoción de los de la “promo”.

Luego se suspendió la presencia de la banda en los tradicionales desfiles escolares del año. Claro tampoco vimos desfiles. La recién nombrada Jefa de Banda no pudo estrenarse oficialmente en las calles. Su minoridad las enviaba al encierro, pues en las calles desfilaban el virus y los políticos, que no son lo mismo, pero son igual.

La promoción solo pudo realizar un desfile virtual, así como virtuales fueron las clases diarias en las que temprana y extrañamente de la noche a la mañana las graduaron. Virtuales fueron los cumpleaños, las “previas” y las fiestas.

El viaje soñado fue suspendido, los aeropuertos y las fronteras están cerradas. Un auto no debe transportar más de 3 personas; solo quedan recuerdos del viaje al Cuzco o el del Salar. La graduación la están imaginando, casi soñando, posible: Tal vez en la cancha del colegio, sin familias; solo la banda, los profes y los títulos de bachiller.

En octubre del 2019 les tocó suspender su regularidad, salieron a las calles, se colgaron la bandera en la espalda como capas y con cascos salieron a cantar “morir antes que esclavos vivir” frente a los abusos del dictadorzuelo. Entonces saborearon los gases y ahora el aislamiento. Son únicos y únicas, la generación de los grandes cambios del país y del planeta. La generación que resignó y creció.  


DINO PALACIOS

Doctorante en Ciencias Políticas  y Jurídica

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