Opinión Bolivia

  • Diario Digital | viernes, 21 de enero de 2022
  • Actualizado 19:06

Los perros van al cielo

Los perros van al cielo

Francisco en su catequesis, cuando se refería al invierno demográfico, señalaba que la gente no quiere tener hijos, decía: “muchas parejas no tienen hijos porque no quieren o tienen… dos perros, dos gatos. Sí, perros y gatos ocupan el lugar de los hijos” y luego continuaba diciendo, “este hecho de renegar de la paternidad y la maternidad nos rebaja, nos quita humanidad. Y así la civilización se vuelve más vieja y sin humanidad”. 

Algunos titulares de prensa afirmaron: “El papa Francisco llama egoístas”, “Perros y gatos ocupan el lugar de los hijos” y se refirieron a la humanización de las mascotas. Cuando comentaba la noticia con una animalista me recordó la historia de la Iglesia con sacerdotes que abusaron, violaron a mujeres y que son padres no espirituales sino reales, a pesar de sus creencias.  No quise recordarle que el Papa también había afirmado que los perros van al cielo. 

Mascotas y religión deben ser de los temas más candentes en las redes sociales, esa al menos ha sido mi experiencia midiendo la reacción a las columnas que he escrito. Ineludibles por cierto.  Sin embargo, frente a la complejidad y la imposibilidad de tratarlo brevemente, no voy a referirme ni al tema de la paternidad ni a la iglesia en relación a la paternidad ni real ni espiritual y tampoco a los comportamientos demográficos; por hoy creo que es mejor detenerme a entender esto de la humanización de los animales. 

Que una joven pareja de millennials tenga 2 perros y 2 gatos en lugar de un niño o niña, es algo que en sí mismo no cuestiono; tendrán sus razones, sus sabidurías y sus argumentos y un líder religioso en lugar de cuestionarlo debería tratar de entenderlo.

Lo que me genera incomodidad es que se pretenda reemplazar a humanos por animales.  Y no es una cuestión de valorar más a uno sobre el otro, porque incluso eso es relativo, en muchos casos. Tampoco es una cuestión de etiquetas: humanos, animales racionales,  homosapiens, monos desnudos o lo que fuera. Lo que está por detrás, como diría mi profesor don Rubén Carrasco, es una cuestión ontológica; es decir, el ente A es A y el ente B es B; sin importar de qué ente estemos hablando. Por eso, para no irnos por las ramas, un perro es un perro y un mono es un mono aunque le digas “mi bebé”.   

SERENDIPIA

DINO PALACIOS

Ciudadano

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