Opinión Bolivia

  • Diario Digital | jueves, 24 de junio de 2021
  • Actualizado 17:44

Para todos

Ustedes como yo son parte de numerosos grupos de chat en el WhatsApp. Y su experiencia como la mía es la de sufrir de los rezos (entre otros) en los grupos de chat, exceptuando los grupos creados para rezos. 

Existen los aislados que lanzan una oración propia, las en grupo y las en cadena;  hay los mensajes escritos, los reenviados y unas fotitos creadas para el fin. En todas ellas, la consecuencia es un coro que responde “amén”. 

En tiempos de COVID el  incremento es descomunal. No estoy en contra de las oraciones, seguramente tienen su efecto, pero me gustaría poder elegir si quiero o no rezar. 

No importa si son los de tu generación de la escuela religiosa a la cual asististe, tus colegas de trabajo o un circunstancial grupo de amigos. Tampoco importa si silenciaste el grupo, si quisieras enterarte de alguna novedad tendrías que recorrer las bendiciones y los amén.  

Si usas datos con restricciones es también un abuso a tus posibilidades de comunicarte, pues solo recibir y leer cuesta segundos y, por lo tanto, dinero. 

Al igual que las felicitaciones cumpleañeras y sus consiguientes agradecimientos individualizados, el coro de los “amén” resulta molesto. Y no me aferro a argumentos religiosos, de principios o de valores; simplemente me refiero al abuso que supone que no se respeten las reglas de un grupo de chat, que como todos sabemos tiene como premisa básica que las participaciones se relacionen con el objeto del grupo, prohibiendo las cadenas de lo que fuere.

El respeto a los otros es una norma básica de convivencia en sociedad y así como ocurre en lo pequeño ocurre en lo grande. En una ciudad emergente con crecimiento desmesurado de población por migración, por ejemplo, no se entiende que la basura junto a los comerciantes ambulantes se adueñen de la ciudad; sin respeto a los vecinos.

La democracia es la voluntad de la mayoría expresada bajo reglas consensuadas y supone el respeto a disidentes y a minorías, hoy por lo menos eso debiera quedarnos muy claro. 

El alcalde o el gobernador elegido lo será de todos y bueno o malo será la expresión de lo que la mayoría quiere  sin que nadie pierda sus derechos individuales.

SERENDIPIA

DINO PALACIOS

Doctorante en Ciencias Políticas  y Jurídica

[email protected]

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