Opinión Bolivia

  • Diario Digital | martes, 29 de noviembre de 2022
  • Actualizado 13:00

Ojalá fueran todos así

Ojalá fueran todos así

Les cuento una experiencia que de manera personal ha significado para mí una prueba similar a la de encontrar un oasis en el marco de un rudo y agreste desierto; el desierto en este caso son las entidades públicas que prestan servicios a los ciudadanos.  

En este caso, el oasis que experimenté fue una entidad pública destinada al pago de gastos funerales  tras el fallecimiento de una persona beneficiaria de la Renta Dignidad y otros trámites.

Mi primer contacto con el oasis fue ver a una sargento de policía que, en un rol multifunción, además de controlar la seguridad del recinto, brindaba información a los usuarios, les otorgaba las fichas para su atención ordenada, les desinfectaba y orientaba. Ella muy amable, con una sonrisa en los labios, respondía  a cada pregunta, explicaba con detenimiento de una manera comprensible para cualquiera los pasos siguientes a realizar.

Quien acude a estas oficinas atraviesa circunstancias particulares, o sufre el dolor de una pérdida o necesita entender cómo cobrar el Bono Dignidad. Así que necesita paciencia. 

Un momento particular me hizo entender que estaba en un oasis. Llegó a la oficina una señora muy mayor y miró con ojos de absoluto desconcierto el lugar. La sargento le preguntó qué trámite realizaba.  La señora dijo: “Me han dicho que venga, para ver mi pago”. La policía respondió: “Le han debido dar un papel, ¿qué dice ese papel mamita?”. La señora le dijo en voz baja para que nadie le escuche: “Es que no sé leer”. La policía respondió con una sonrisa: “No mamita no te preocupes, yo te lo leo”. Y al recibir el papel le dijo: “Acá dice que tienes que volver el próximo viernes” y contando con sus dedos le mostró en cuántos días tenía que volver. “Me buscas mamita, cuando vengas yo te voy a ayudar”.

Podríamos pensar que el oasis era la policía y que era una experiencia aislada y única. Pero no, inmediatamente después cuando me tocó acudir al escritorio para ser testigo del trámite, con la infaltable y consabida fotocopia de la cédula de identidad. La funcionaria nos explicó con cuidado y calidez dónde firmar, qué firmábamos y para cuándo estaría concluido el trámite.

Ojalá estos oasis se reprodujeran y se multiplicaran en nuestro país.

SERENDIPIA

DINO PALACIOS

Ciudadano

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