Opinión Bolivia

  • Diario Digital | domingo, 16 de mayo de 2021
  • Actualizado 08:01

No dejar de existir

No dejar de existir

¿Qué es lo que estamos viviendo? ¿Una pesadilla o una típica tragedia griega sin sobrevivientes? ¿Acaso es el macabro juego de la ruleta rusa? ¿La parca nos elige al azar o nosotros elegimos al destino? ¿Somos víctimas de una gran conspiración?.

Si de siglas que pasan a  la historia se trata, el 9/11 o el 11/3  han quedado pequeños ante un C-19. En Bolivia estamos bordeando los 10 mil muertos y en el mundo ya son 2.6 millones.

Comenzó con los desconocidos, esos que salían en las noticias con nombre y apellido, les siguieron tres o cuatro  conocidos o conocidos de un conocido. Llegaron las fiestas de fin de año y entonces los desconocidos eran amigos o familiares que nos sorprendían.  Ahora cada día hay al menos un conocido, un amigo o un familiar o los tres juntos.

El plasma, las UTIs y el Rendesivir llegan tarde o no llegan. La magia de las plantas se acabó. Los pedidos desesperados de ayuda están en redes, en las  miradas y en los rostros de los cercanos.

Y cuando miras detenidamente ves que ha muerto tu tía, tu sobrino, tu colega de la universidad o el amigo de las guitarreadas. Ya no es el paciente NN. Es alguien muy cercano a ti y no te explicas por qué, por qué a él o a ella. Era joven, era sano, se cuidaba.

¿Cuál es el significado de la muerte?, se preguntaba mi cuñada. Especialmente cuando se encuentra tan cerca a cada uno de nosotros. ¿Cómo enfrentar lo que está sucediendo? ¿Cómo vamos a recuperarnos?

Pareciera que lo que vivimos  nos dejará secuelas iguales a las de los efectos de una guerra. Colectivamente en la Segunda vimos nacer el sistema de las NNUU, el discurso del “desarrollo” y el existencialismo. En nuestras fronteras en la del Pacífico; fue la revolución liberal, el cambio de la sede de gobierno y la derrota del federalismo. Pero a nivel personal, qué queda en las víctimas de la guerra y en sus familias. Los miles de seres que migran escapando de la muerte van dejando a sus seres queridos en el camino, sin entierro, sin tumba y sin esperanza.

¿Duele menos porque son muchos? ¿Podemos “aguantar” si nos agarramos del dolor del vecino peor o similar al nuestro? Cómo hacemos para seguir. Rezar si es una opción, cuidarnos por supuesto y  vivir como si fuera nuestro último día. Perdonar, amar y no dejar de existir.

SERENDIPIA

DINO PALACIOS

Doctorante en Ciencias Políticas  y Jurídica

[email protected]

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