Opinión Bolivia

  • Diario Digital | domingo, 16 de junio de 2024
  • Actualizado 17:08

Mensajería del infierno

Mensajería del infierno

Parece que los sistemas de mensajería, incluido WhatsApp por supuesto, nos permiten estar más comunicados que nunca. El panorama y la diversidad de la situación hacen que hablemos de un universo infinito: mensajes silenciados, los que tienen sonido especial por su importancia y los con sonidos personalizados para su pronta y atención. Imágenes de una sola vista, imágenes y archivos tan pesados que agotan los megabytes. Mensajes fijados en el encabezado y los reiterativos y repetitivos como “felicidades…”.

Grupos de familia o de familia extensa; de los hermanos y/o de los primos. Grupos del trabajo o del extrabajo. Grupos del barrio, de la junta de vecinos o de los papás del curso.

Grupos de compras y ventas del barrio o de los productos específicos como  de compra y venta de dólares o para avisar que hay redada o gasolina; grupos de ventas de autos, repuestos para la bicicleta, de ofertas de comida y de variedad de servicios.

Grupos de comunicaciones oficiales, grupos de tertulia extra-oficiales. Grupos para la cena, el agasajo, para la reunión de exalumnos. Grupos de chat que admiten todo; los que restringen mensajes solo a los “administradores”, una especie de dictadores arbitrarios. Los que permiten imágenes o videos XXX; los que censuran la misoginia o el machismo, etc.

Y suman las listas de difusión, las comunidades o los comportamientos como el “me dejó en visto” o el phishing, acoso digital, difusión de malware, extorsión y muchos más. 

Detrás hay muchos temas pendientes, pero con rasgos comunes: estamos inundados de información en gran medida banal e indiscriminada. A ello se suma el hecho de que nuestra participación en los chats muchas veces es intuitiva, sin capacidades ni conocimientos y sin claridad sobre los alcances y características de las redes sociales; situación que genera intervenciones caóticas, abusivas y autoritarias; en última instancia, sin ningún precepto de net-ética.

La toxicidad de las relaciones sociales puede multiplicarse en las redes sociales hasta convertirse en un infierno, por eso hay que pensarlo un par de veces antes de aceptar que te sumen a un chat o de escribir lo que luego puede ser “capturado y distribuido”.

SERENDIPIA 

DINO PALACIOS                                                          

Ciudadano

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