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  • Diario Digital | martes, 17 de mayo de 2022
  • Actualizado 06:27

Sé más viejo, el elogio de la vejez o del pensar

Sé más viejo, el elogio de la vejez o del pensar

Moda rápida, también conocida como “fast fashion”, es ropa de bajo costo dirigida a jóvenes y adolescentes principalmente. Es un modelo de negocio que ha logrado que una generación sea adicta a la moda. 

Lo que moviliza a los compradores es lo “nuevo”, lo “que acaba de salir”, consumismo puro. Los “cómplices” para ser compradores compulsivos son las redes sociales, el Instagram y el marketplace de Facebook y los influencers. 

Conforme a su destino, aceleradamente la moda rápida es descartada. Esa misma ropa llega en fardos de ropa a los países más pobres, como el nuestro, donde produce consecuencias para las economías locales y genera hasta problemas de salubridad. En otros países, las familias con menos recursos utilizan la ropa para quemarla, pues es más barata que la leña. La ropa quemada contamina y genera otra cadena de efectos al medio ambiente.

Para fabricar más y más ropa de bajo costo, un mecanismo para recortar los costos de producción es el uso de mucha agua. Según un estudio de la Universidad Politécnica de Madrid, se utilizan entre 2.100 y 3.070 litros de agua por pieza de jean fabricada.

En general, existe consenso de que el reciclaje de ropa es inexistente; pero hay algunas iniciativas que para los jeans utilizan plástico, o ropa con residuos recolectados en el mar, camisetas teñidas con tintes ecológicos. Sin embargo, a pesar de todo ello, lo más sostenible es no comprar. 

La Deutsche Welle señala que el ciudadano español desecharía entre 12 y 14 kilos de ropa al año. A eso se suma que compramos el doble y más de ropa que el año 2000, pero, lamentablemente, nos dura la mitad de tiempo. 

A nivel global se producen más de 120 mil millones de prendas de vestir al año. Según un estudio de Greenpeace, alrededor del 40% de la ropa jamás se utiliza.

Adolfo Domínguez, un diseñador español, lanzó una campaña “Sé más viejo”, no tiene que ver con la edad, sino con pensar, con usar el sentido común. Los viejos saben cosas, por ejemplo, que no necesariamente lo nuevo es lo mejor, que es mejor comprar menos y elegir mejor; saben que lo que hoy está de moda, mañana puede ser solo de mal gusto y un mal recuerdo. Y saben también que solo tiene sentido si no es una frase solamente, sino un principio que uno aplica a sí mismo.

SERENDIPIA 

DINO PALACIOS

Doctorante en Ciencias Políticas  y Jurídica

[email protected]

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