Opinión Bolivia

  • Diario Digital | sábado, 01 de octubre de 2022
  • Actualizado 15:45

La ética de nadie

La ética de nadie

Imagine usted por un minuto que es el director técnico de su equipo de fútbol. Sin duda alguna a usted no le metían el gol, ese inútil jamás sería el 10 y el arquero suplente estaría de “pasa pelotas” eterno. Pero no, usted no es un director técnico, es experto en el arte de dirigir equipos porque ha jugado, visto y leído sobre fútbol.

Y es que los humanos somos expertos o nos volvemos especialistas en cualquier tema, de un día al otro, y somos expertos en tantas cosas que nos hemos convertido en “todólogos”. Nos pasa a diario con la política, de la cual todos los bolivianos tenemos la última palabra. Nos ha pasado y nos pasa con el COVID-19 y cómo encararlo.

De manera particular, me llama la atención la facilidad con la que todos nos convertimos expertos a la hora de definir la ética, y qué es y qué no es ético. Ética médica, ética periodística, ética religiosa. Por ética renuncias o no aceptas un puesto. Por ética te mantienes en silencio o estallas en gritos. Por ética no compartes una imagen o no miras un video. Por ética compartes otra imagen y compartes otro video.

Hay una ética muy distinta para médicos que para periodistas. ¿Los religiosos tienen ética? y ¿en la política tiene lugar la ética? La ética está de moda y parece tener muchas formas.

En filosofía para algunos es una rama y para otros una doctrina o un sistema filosófico. Hay quienes prefieren solo hablar de ética y hay otros que la suman a la moral. Algunos se refieren a la ética en singular y hay otros que prefieren en plural.  La definición etimológica es insuficiente; es decir que provenga de la palabra griega ethos, que significa carácter o morada, no ayuda a avanzar mucho.

El punto de partida, el acuerdo mínimo, el “no negociable” debería ser que cuando hablamos de ética estamos hablando de comportamientos regidos por valores. E inmediatamente dicho eso, entendemos dónde se conflictúa la noción y el ejercicio de la ética. Y precisamente es en la comprensión y en el ejercicio de los valores. Muchos niegan los valores, otros los relativizan y finalmente la mayoría comprende los valores a su manera.

Si en lugar de pregonar por la ética simplemente tuviéramos principios y no renunciáramos a ellos, respetaríamos al DT y a nuestros valores.


DINO PALACIOS

Doctorante en Ciencias Políticas  y Jurídica

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