Opinión Bolivia

  • Diario Digital | domingo, 27 de noviembre de 2022
  • Actualizado 17:06

Mi homenaje al patriarcado

Mi homenaje al patriarcado

El patriarcado y por ende lo relativo a la paternidad se han tornado en “mala palabra” en los últimos tiempos. Para el movimiento feminista inicial, era la referencia a sociedades regidas por la dominación masculina tanto en la familia, la crianza de los niños y en el ámbito del mercado laboral, por eso fue identificado como un sistema de opresión universal. Después es relativizado por su complejidad, especialmente por feministas de algunas minorías en EEUU y América Latina.

Las nuevas formas de empleo dominadas por la virtualidad y las redes sociales, así como los atributos de la #Nextgen (conciencia social, compartir concomimientos,  voluntad de avanzar, mentalidad sostenible, talento y  valentía) parecen configurar una realidad compleja.

De los millenials se esperaba que cerraran la brecha de género, sin embargo, no necesariamente está ocurriendo eso. Hay quienes creen que el nuevo feminismo no es más que una “moda impostada” y muchas mujeres menores de 30 años sueñan con que “él sea el que trabaja y ella quien cuida la familia”.

La gravedad y complejidad se incrementa cuando en países como el nuestro la cifra de feminicidios se incrementa. En Bolivia cada 3er. día hay un feminicidio (el 2020 hubo 100 feminicidios registrados oficialmente), es una cifra desde ya preocupante. Lo fuera igual, si fuera una sola mujer la que es asesinada por su pareja al año.

Por los modelos familiares hoy muchas madres hacen de padres también y muchos padres hacen de madres, complejizando aún más el panorama. Por tanto, ser padre en estas circunstancias no es fácil ni simple.

Como hay que asirse a algo para avanzar, en mi caso me aferro a mi modelo paterno. Sin lugar a dudas como todos los seres humanos, lleno de defectos y virtudes.

Patriarcal, excesivamente tradicional, criollo por excelencia y de la vieja escuela; si quieren por un lado. Pero, por otro lado, y eso es lo que destaco y uso como bandera, con una claridad en cuanto a los valores única. Con principios de comportamiento y de moralidad firmemente asentados, e incuestionables.

Con la certeza de la necesidad del aprendizaje y por tanto de crecer continuamente y siempre para mejor. Sin mayores preocupaciones del “qué dirán” y consciente que tanto los halagos como elogios siempre hay que darlos “en vida”.

SERENDIPIA

DINO PALACIOS

Doctorante en Ciencias Políticas  y Jurídica

[email protected]

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