Opinión Bolivia

  • Diario Digital | domingo, 05 de diciembre de 2021
  • Actualizado 15:29

Extraño el silencio

Extraño el silencio

Conozco un joven músico que añora el silencio del confinamiento. Con nostalgia recuerda los días silenciosos en los que podía crear, grabar y escuchar sin el molesto ruido de una construcción en la que se generan los más horribles sonidos que uno pueda imaginar. También podía darse el lujo de estudiar y que no lo torturen con el brutal sonido que se puede generar en el edificio que crece a pocos metros de su ventana.

Casi siempre se consuela diciendo que necesitan trabajar. Golpes y chirridos, gritos y música, más golpes, más chirridos; ¡Cómo suena esa amoladora! ¡Cómo duele tanto ruido! Cómo sueña con el día en que el edificio esté finalmente concluido.

Sufre igual la pequeña Ariana.  La dueña de la casa donde vive ha alquilado el garaje a un cerrajero que trabaja al mismo tiempo que ella intenta pasar clases en su celular.  Todos los inventos de su madre para que no enloquezca con el ruido parecen insuficientes. Casi como un experto, el cerrajero tortura a la niña todo el día.

Tengo una amiga que vive pensando en cómo ganar más dinero.  Según ella, leyó en algún periódico que en los próximos años el silencio costará muchos dólares. Es posible, digo yo, con la capacidad que tienen algunos de hacer buenos negocios con lo que escasea.

Pero bueno, al margen de torturas y deseos, lo concreto es que eso es contaminación acústica. Según la Internet, son los sonidos “que impliquen molestia, riesgo o daño para las personas, para el desarrollo de sus actividades o para los bienes de cualquier naturaleza, o que causen efectos significativos sobre el medio ambiente”.  Claramente en nuestras ciudades no es un tema que interese, sino la gente no sacaría un gran parlante en la puerta de su pequeño negocio intentando llamar la atención de los clientes o no tocaría la bocina para intentar subir un pasajero a su minibús.

¿Qué hacemos los que valoramos el silencio ante tanto atropello? Porque tendrían que saber todos los individuos generadores de ruido, que incluso la Ley de Medioambiente en Bolivia nos protege, porque lo que ellos hacen afecta nuestra salud, sobre todo de nuestra cordura.

Normalmente, como el joven músico, solo esperamos que un día concluyan su trabajo y se vayan con su ruido a otra parte.

SERENDIPIA

DINO PALACIOS

Doctorante en Ciencias Políticas  y Jurídica

[email protected]

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