Opinión Bolivia

  • Diario Digital | lunes, 05 de diciembre de 2022
  • Actualizado 14:35

En penumbras

Desperté y ningún sonido me acompañaba.  Intenté concentrarme. Hay un pajarito que trina y un bebé que ríe a lo lejos, no está tan callado en realidad, pero ya no existe el habitual sonido de la TV o de la computadora que solían acompañarme cada amanecer.

Me gustaría levantarme y tomar un café, tal vez comer algo. Me gustan mucho los desayunos al estilo campesino que te dejan sonriendo. Alguna vez los reemplacé por comida sana, craso error, era mejor sonreír y hacer ejercicio, en lugar del sacrificado momento del desayuno sin sabor a mi abuelita.

Podría ir a la ducha, sería reconfortante, pero el agua escasea en estos días y está tan fría que ese es otro placer que no viviré hoy, tal vez me lave los dientes, eso sí, no es tanta agua y el dentífrico me recuerda otros días.

Doy vuelta en la cama, la almohada está congelada, y vuelvo a dormir. Son segundos, el ruido del refrigerador me hace despertar. ¡Luz! ¡Hay Luz!  Y con la electricidad vuelvo a la realidad. Ayer se cortó la luz y naturalmente Internet y lo que depende de ese servicio.  Me dormí pensando en cómo sería el mundo sin electricidad.  Me dormí también pensando en lo desastrosos que son los servicios de atención al cliente.  Nadie respondió a mis reclamos. Y yo viví la pesadilla.

Exagerado naturalmente y no puedo responsabilizar a los responsables de atención al cliente por mis pesadillas catastróficas, pero qué bueno sería que sean más atentos y tal vez algo más eficientes.

Hace días se cortó la Internet en casa, diez días antes había pasado lo mismo e investigada la razón, se trató de un error de un técnico que en lugar de desconectar a un cliente que ya no quería el servicio, me desconectó a mí.  El señor que me atendió dijo “lo vamos a programar”, ante mi enojo solo dijo “quéjense a quien quiera, yo no puedo hacer nada más que programar”.  Los clientes del servicio con la X saben lo que es tener que reclamar algo. Nadie atiende, nadie sabe, nadie ayuda.  

Como estamos, dependemos de gente que probablemente esté hastiada de los clientes y sus emergencias. Todos tenemos buenas razones para exigir que nos den el servicio por el que puntualmente cobran, pero sobran excusas para que sean buenos cobrando y malos dando el servicio, y peores en la “atención al cliente”. La realidad que supera a la ficción.


DINO PALACIOS

Doctorante en Ciencias Políticas  y Jurídica

[email protected] 

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