Opinión Bolivia

  • Diario Digital | domingo, 27 de noviembre de 2022
  • Actualizado 17:06

En alquiler

Por ahora son mucho más que la propaganda electoral, se los puede ver en todas las calles y avenidas, pero mucho más en las grandes zonas comerciales. Son letreros, pequeños y grandes, con un solo anuncio: “En alquiler”. El paisaje me parece desolador, intento recordar qué funcionaba allí antes y confieso que han pasado muchos meses, ya no está en mi memoria.  Sin embargo, puedo casi sentir la sensación de no aguantar más y cerrar.
Departamentos vacantes y casas en venta. Negocios de todo tipo cerrados:  inmensos hoteles que no han funcionado por meses, líneas aéreas al punto de ingresar en la quiebra, emprendimientos truncos.  Ese es el paisaje de muchas áreas comerciales y de prestación de servicios de nuestras ciudades; pero también en muchas otras en casi todo el mundo.
Es desgarrador, pues trasluce desempleo. Familias y emprendedores que plasmaron sus sueños y con esfuerzo montaron un negocio -bueno o malo- y ahora está en quiebra y con deudas.
La pandemia derrotó a muchos y a otros los sacó de la formalidad. Solo hay que ver el incremento en el uso de la Internet para las compras y las ventas. En nuestro caso, no necesariamente a través de plataformas de ventas y con pago mediante tarjetas o transferencia bancarias, sino a la boliviana, con predominio del Marketplace de Facebook y el “delivery” a domicilio o a “plaza cercana”
Hay engaño y venta indiscriminada de productos no garantizados y consecuencias derivadas. En algún momento se pusieron a la venta remedios que resultaron ser harina. Lo usado se vende como nuevo. Adicionalmente, no hay facturación y los Estados debilitan sus ingresos y los presupuestos públicos se restringen.
Las calles están llenas de vendedoras de comestibles, frutas y de todo lo inimaginable. La salida de los mercados a las calles es una consecuencia socialmente aceptada también del COVID-19. Mejor comprar en un lugar abierto que en un lugar cerrado, dicen. Así además ayudas a alguien que se vio obligado a salir a la calle.
Empezamos a vivir la “nueva normalidad” que no resulta tan nueva, parece que solo es más desordenada y permisiva respecto a la ilegalidad o la informalidad.  El reto de poner orden parece gigante, los gobiernos municipales tienen que iniciar una batalla que intuyo está casi perdida. Entretanto allí siguen los letreros. Aún se alquila. Aún se espera.

DINO PALACIOS
Doctorante en Ciencias Políticas y Jurídicas
[email protected]

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