Opinión Bolivia

  • Diario Digital | lunes, 05 de diciembre de 2022
  • Actualizado 14:35

El aciago 2020

El aciago 2020

Era el fin del 2019, estábamos esperanzados por  la llegada del nuevo año. La última noche alzamos nuestras copas y auguramos un nuevo y buen año por venir. El 2020 era un número cabalístico. Es año bisiesto, por lo tanto, celebraría mi cumpleaños, como corresponde el día que nací. 

A nivel mundial, viviríamos la realización de las Olimpiadas y de la Expomundial en Dubái. Para los chinos es el año de la rata de metal; la rata es asociada por los asiáticos con la inteligencia, la astucia, la agresión, la riqueza, el carisma y el orden, pero también con la muerte, la guerra, lo oculto, la pestilencia y las atrocidades.

Hoy, ya tan cerca del 2021, tengo miedo de augurar algo para el nuevo año. El 2020 nos trajo 1.4 millones de muertos por el COVID. En el Banco Mundial señalan: “Las proyecciones pronostican una contracción del 5.2% en el Producto Interno Bruto mundial en 2020, lo que constituye la recesión mundial más profunda que se ha experimentado en décadas. Los ingresos per cápita en la mayoría de las economías emergentes y en desarrollo se retraerán este año”. Por supuesto las Olimpiadas, la Expomundial han sido postergadas.

Mis hijas mellizas se graduaron por decreto y no asistieron a clases presenciales desde marzo. Para dictar clases tuve que recurrir al zoom y a esa parafernalia de “¿me escuchan?”, “ven la pantalla”, “por favor prendan su cámaras”.

Laboralmente trabajé con un equipo de excelentes profesionales para el pago de los bonos canasta, familia y universal. Nos dimos cuenta que el país y el Estado eran un sueño; que la realidad era lastimosa y pobre. Que no teníamos bases de datos con registros actualizados de nada, así que había que inventar e inventarse la mejor forma para ser trasparentes y llegar a la mayor cantidad de personas.

También me tocó trabajar contribuyendo al programa de reactivación de la economía. Otra vez muchas intenciones y poca posibilidad. Se hizo lo que se pudo y lo que no se pudo al mismo tiempo. Las necesidades siempre son mayores a la posibilidad de responder a las mismas. 

En fin, fue un año inesperado. Me resisto a calificarlo como “bueno” o “malo”. Solo único en su género y del cual muchos nos acordaremos durante mucho tiempo. 

SERENDIPIA 

DINO PALACIOS

Doctorante en Ciencias Políticas y Jurídica

[email protected]

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