Opinión Bolivia

  • Diario Digital | lunes, 28 de noviembre de 2022
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Dueños de la calle

Dueños de la calle

¿Quiénes son los dueños de la calle? Es la pregunta que surge de la narración de un hecho por el vecino Sr. X. Estacionó su vehículo en una calle cercana al centro comercial al cual se dirigía. Vino una señora y le dijo: “Señor le cuido el carro”. X respondió: “No gracias solo voy un minuto. La cuidadora de vehículos insistió, ahora con otro recurso, “¿le cambio las escobillas del parabrisas?, ¿le lavo el auto?. Preguntas a las que X sucesivamente respondió con un no. 

La cuidadora de vehículos dijo: “entonces no nos hacemos responsables si le roban o le rayan el auto”. Luego de unos minutos, el Sr. X volvió por su auto, la cuidadora ya no estaba, pero el vehículo tenía las dos llantas desinfladas. Posteriormente el llantero le dijo que le habían pinchado la llanta con algún objeto “punzo cortante”.

Hugo mi compañero de curso relató más o menos lo mismo. Deja su auto cerca de la oficina. Allí los cuidadores de autos, se identifican con un chaleco que tiene el logo del gobierno municipal. Según ellos, “son los cuidadores oficiales de la calle”.  Un día llegó a su auto y ya no tenía un retrovisor. Cuando se dirigió al cuidador para preguntar ¿qué había pasado?, con evasiones el cuidador se justificó diciéndole “Ud. lo trajo así y quiere inculparme”.

A estas historias ustedes seguro que pueden añadir muchas otras más. El hecho es que muchos ciudadanos nos encontramos “obligados” a contraer los servicios de estas personas que se adueñan de las calles. 

Dicen que cuidan el vehículo, pero nunca se hacen cargo de nada. Y por el contrario, terminan actuando como un grupo que amedrenta a quienes no están dispuestos a someterse a sus designios. 

Estoy absolutamente de acuerdo en que deben trabajar en el país de la informalidad y este parece ser un buen espacio. Muchas son mujeres mayores, con niños o son personas con alguna discapacidad.  Pero, del otro lado, están quienes tienen un vehículo, que muchas veces es también una herramienta de trabajo, o el transporte de cada día y para nada un artículo de lujo. 

La elección de contratación de un servicio o la compra de un bien debería ser voluntaria y estar regulada de algún modo. Si lo haces por miedo o porque te extorsionan (aunque sea por dos pesos) ya no sirve. 

SERENDIPIA

DINO PALACIOS

Ciudadano

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