Opinión Bolivia

  • Diario Digital | sábado, 27 de febrero de 2021
  • Actualizado 05:13

Desconectados

Desconectados

Si toda situación de crisis viene acompañada también de oportunidades, esta pandemia debería dejarnos muchas, una de ellas tendría que estar en la educación, millones de niños y jóvenes dejaron las aulas, un porcentaje de ellos tiene que conectarse a través de la Internet con sus profesores. Bolivia no es la excepción.

El coronavirus nos encerró en nuestros hogares y nos dejó honestamente desconectados, no solo por la falta de medios, sino de recursos pedagógicos. Sin duda, en educación ha removido viejos esquemas, pero todavía no construimos los nuevos.

En la UMSA tengo una buena parte de alumnos que se conectan a las clases y a las actividades de la materia desde sus celulares. Algunas veces me siento satisfecho, al menos no interrumpimos el proceso y tenemos un gran avance.  Sin embargo, algunos de estos jóvenes no se encuentran ni en la ciudad de La Paz ni en El Alto, y lamentablemente en algunas provincias la calidad de conexión es pésima. A ello se añade, el costo que supone el acceso a los datos, lamentablemente, según la prensa, Bolivia tiene el internet más caro en Latinoamérica.

Para las clases virtuales usamos diferentes plataformas. En mi caso, dadas las condiciones señaladas prefiero las plataformas abiertas, las de mayor usabilidad y uso generalizado; eso quiere decir, plataformas gratuitas. A pesar de la insistencia de algunos alumnos me niego a usar el WhatsApp como plataforma de enseñanza, solo es un chat, insisto.

Mi experiencia es dar clases a públicos sin rostro y muchas veces con iniciales o nicknames que no ayudan a una relación personalizada.  Insisto en que conecten sus cámaras, pero muchos de ellos no las tienen en funcionamiento, adicionalmente esa exigencia consume más datos.

Me ha pasado que al tratar de encontrar retroalimentación o al pedir respuesta a una interrogante dirigida específicamente a alguno de los estudiantes. El silencio ha sido la respuesta. La experiencia ha demostrado que muchos se conectan a la sesión, silencian el micrófono, cierran la cámara y se vuelven a lo que estaban.

Dar clases virtuales a veces hace que me sienta solo, prefiero ver rostros y sentir las reacciones a mis palabras, pero por ahora quedan suspendidas hasta nuevo aviso.