Opinión Bolivia

  • Diario Digital | lunes, 25 de octubre de 2021
  • Actualizado 22:44

En defensa de la mentira

En defensa de la mentira

Imagínese usted como un juez que debe definir si una mentira es justificable o no.  Para mi la condena podría depender de la intención y del efecto sobre la vida de los demás.

Mi pareja me contaba que un amigo le contó que cuando tuvo la COVID-19, por unos días, mintió sobre su estado porque le daba vergüenza. No quería ser juzgado. Simplemente se encerró.  Cuando mi primo fue internado en terapia intensiva le mentimos a mi tía para que la noticia no la  “arrebatara”. Mentimos desde muy temprano en la vida y les mentimos a nuestros seres amados desde muy temprano también. 

Acaso no es mentir o mentirse, decirles a nuestros hijos que no fumen con un cigarrillo en nuestra mano. No es una forma de mentir o mentirse decirles que ordenen su cuarto y respeten las reglas, cuando nosotros nos pasamos junto a ellos el semáforo en rojo. O cuando nos llaman por teléfono pedirles que digan que no estamos disponibles. 

La primera víctima cuando llega la guerra es la verdad. La verdad es herida y asesinada, cuando manipulan los datos para obtener otros resultados ya sea en indicadores para pagar doble aguinaldo o en mesas de votación donde votaron hasta muertos. Tenemos tantos seguidores del “miente, miente que algo quedará”.  

¿Nadie nos dice el valor de la verdad acaso? ¿O nos enseñan “sin querer” el valor de la mentira?. ¿Podríamos reivindicar la mentira como un valor moral en algún caso? Probablemente es tiempo de repensar los valores. Tal vez no es un anti valor en sí misma. 

Sin embargo, como esos conceptos o realidades  que alguien bautiza como teórico-abstractos, aquellos de los cuales no es dable afirmar ni negar su existencia, ocupan hace decenios al ser humano y tal vez inútilmente, mi opción es discutir u ocuparme de lo que me es urgente aquí y ahora. 

La mentira, adquiere relatividad en el uso que se le otorga o que motiva usarla. Es decir una mentira que no busca engañar en sí misma, sino proteger y defender,  probablemente no sea tan condenable. La clave es entonces la intención de quien la expresa. 

Mentir para burlarse, para apresar gente, para engañar y para hacernos creer a todos que fue golpe, para fines mezquinos, no pasaría la prueba en el juzgado de las mentiras.  

SERENDIPIA 

DINO PALACIOS

Doctorante en Ciencias Políticas  y Jurídica

[email protected]

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