Opinión Bolivia

  • Diario Digital | domingo, 16 de junio de 2024
  • Actualizado 17:08

La billetera y la fe

La billetera y la fe

Hace unas horas, recibí un mensaje de un desconocido en Facebook que me contaba que su esposa había encontrado mi billetera en la calle y querían devolvérmela. Inmediatamente, mis manos buscaron en mis bolsillos, segundos que parecieron eternos mientras confirmaba que efectivamente no tenía mi billetera. El mensaje incluía un número de teléfono; lo llamé y una voz amable me explicó cómo llegar hasta su casa para recuperarla. Cuando los encontré, les agradecí repetidamente, sin estar seguro de si debía ofrecerles alguna recompensa o qué hacer. Ellos simplemente me regalaron una sonrisa, dejándome con una extraña mezcla de incredulidad y felicidad. 

Al llegar a casa, pude ver que todos mis documentos de identificación, tarjetas bancarias, de transporte y todo el dinero que tenía en la billetera seguían allí.

Por desgracia, es sorprendente y poco común encontrarse con personas honestas, y cuando te encuentras con ellas, no sabes cómo reaccionar. Sin embargo, existen y viven a nuestro alrededor, eso es innegable. Yo puedo dar fe de ello.

Después de reflexionar calmadamente, pienso que debería ser lo habitual que las personas no se apropien de lo que no les pertenece, que no digan mentiras, que respeten su lugar en la fila y que no hagan trampas para adelantarse o quedarse a toda costa. Que sean como la pareja que encontré y me devolvió la billetera.

Sin embargo, en la realidad, algunos afirman que hay dólares y resulta que no los hay. Las noticias informan sobre personas que se “suicidan” - el exgerente, el exinterventor, el periodista - y que en realidad querían vivir. Aunque subieron el salario básico, resulta que 8 de cada 10 trabajan por cuenta propia o no tienen trabajo.

Los jueces se auto-prorrogan e inventan maneras para quedarse mucho más tiempo en sus cargos. Los de la junta de vecinos se parecen mucho a gerentes, dirigentes, directores que, al igual que "el innombrable", se aferran a sus cargos y buscan pretextos para quedarse a cualquier costo. 

¿A qué se debe que lo que debería ser inusual se generalice y normalice? ¿Por qué los tramposos, mentirosos y deshonestos son lo normal?

Yo estoy feliz de haberme topado con lo extraordinario, una pareja ejemplar que no solo me devolvió la billetera sino la  fe en las personas.

SERENDIPIA 

DINO PALACIOS                                                             

Ciudadano

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