Opinión Bolivia

  • Diario Digital | martes, 17 de mayo de 2022
  • Actualizado 23:16

100 años

Nació un sábado, 22 de octubre de 1921. Fue el año que se jugó la quinta versión de la Copa América en Argentina, justo el 30 de ese mes el equipo argentino alza la copa de campeón. Ambos, el fútbol y Buenos Aires, serían protagonistas de su vida años después. 

Ese año también nació Jaime Sáenz, el escritor boliviano, y Charles Bronson, el actor norteamericano.  Ese año se descubrió la insulina, fracasó el primer intento por escalar el monte Everest y Einstein recibió el Nobel de Física.

Si. Son 100 años.  Mi columna hoy es un homenaje a un caballero que los ha vivido y los recuerda con detalle; su colegio La Salle, su club Bolívar, su amor por el baloncesto y el Ingavi; su pasión por el chocolate y los retablos que fabricó por muchos años. Jugó tenis hasta hace poco y recuerda muy bien el día que compró su primera raqueta.

Estuvo a punto de ser enviado a un campo de concentración en los años 50 y tuvo que salir exilado a Venezuela.  Siguió las noticias del bombardeo de La Moneda, la caída de Salvador Allende,  y el ascenso del dictador Pinochet en Chile. A sus 80 años vio en la televisión a todo color chocarse los aviones contra el World Trade Center, se preocupó por las consecuencias porque él conocía de sus efectos, ha trabajado en Banco Central de Bolivia.

Ya casi todos sus amigos han partido, pero tiene tantas memorias de ellos. Recuerda a Lidia Gueiler y con ella la historia de un siglo en Bolivia, la que a él le ha tocado vivir.

A sus 73 años celebró el fin del “apartheid” cuando Mandela fue el primer presidente negro en Sudáfrica. Pero sigue preguntándose cuándo el odio y el resentimiento acabarán, también en Bolivia.

A sus 86 años vio a sus nietos utilizando sus smartphones y decidió que el se seguiría comunicando por un teléfono fijo. En 1942 fue testigo de la fundación de TASA, la compañía telefónica, en La Paz. Su amada Marina trabajó allí. Aún este año, lo utilizó para responder a las felicitaciones.

Pensó que nada lo sorprendería, pero llegó la pandemia, confiesa que no imaginó vivir algo así. Sintió cómo su pequeño transmisor en el que escucha todos los partidos de fútbol se silenciaba de los relatos y goles. Las ausencias lo fatigaron, pero no lo vencieron. Aún celebra y con él celebramos todos: los que lo aman profundamente y los que también lo admiramos. Felicidades Don Gastón.

SERENDIPIA

DINO PALACIOS

Doctorante en Ciencias Políticas  y Jurídica

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