Opinión Bolivia

  • Diario Digital | lunes, 09 de diciembre de 2019
  • Actualizado 01:27

Voluntad política

Las asimetrías que presenta el ejercicio del poder político en la sociedad, requieren de máximos esfuerzos, de las partes en pugna, para hacer efectivas una serie de realizaciones tendientes al bien común, la paz y la tranquilidad pública. La falta de entendimiento sobre ciertos aspectos que obnubilan el entendimiento, ya sea por razones ideológicas, partidarias o producto de sectarismo, solo tensa e imposibilita  la toma de decisiones racionales, ecuánimes y posibles. Ante dichas circunstancias surge la necesidad de acudir a lo que se denomina comúnmente voluntad política, cuya significación no es otra que la búsqueda de condiciones para ciertas concordancias  que posibiliten un dialogo franco, sincero y leal y de esa manera lograr el entendimiento y la solución de diferencias que distancian a las partes en conflicto; se trata, de verdad, de la construcción de sinergias entre los diferentes actores y sectores de las partes en pugna. Una vez  expuestas las diferencias y los requerimientos, se llegan a acuerdos posibles y viables que aminoren los distanciamientos y que permitan cumplir lo acordado; ese acuerdo de voluntades debe tender al bien mayor que no es otra cosa que profundizar, expandir y mantener la democracia y su puntal fundamental: la dignidad del ser humano en libertad. 

La situación del país muestra la existencia de una franca pugna entre dos sectores, por un lado la de los seguidores del Mandatario exiliado voluntariamente y, por otro, el integrado por los que asumen la defensa de un Estado de Derecho. Los primeros pretenden revertir la impunidad para quienes cometieron delitos en el desempeño del Gobierno o en función de militantes. Tales actos delictivos no son de simple factura, conllevan el sello de atentados de lesa humanidad, esgrimir ante ello el argumento de voluntad política para dar impunidad a sus autores es inadmisible desde todo punto de vista. La generalidad, obligatoriedad y cumplimiento de la ley, no puede estar sometida a acuerdos de voluntades particulares y menos aún conceder fueros o privilegios. Todos nos hallamos sometidos a ley y su observancia no puede ser motivo de transacciones ni vulneraciones; lo contrario es menosprecio al derecho  y a la justicia.