Opinión Bolivia

  • Diario Digital | sábado, 13 de agosto de 2022
  • Actualizado 13:55

Un término que se ha apoderado del lenguaje cotidiano es sororidad, y cuyas  raíces se encuentran en la palabra latina  soror, sor en español, tan usual para referirnos a una religiosa. Su antítesis es fratello, es decir, hermano, que también se halla  impregnado de tinte religioso, es así que se refiere a fray o fraile, algún miembro de ciertas congregaciones .

La sororidad como expresión de solidaridad femenina no es un fenómeno que surge en el mundo moderno. Cuatrocientos años de nuestra era, ya fue inspiración de un comediante griego llamado Aristófanes y llamó a su obra: “Lisistrata”. Personaje central que asume la primera huelga general e indefinida de mujeres que son abandonadas, descuidadas y maltratadas por sus maridos, quienes, antes de dedicarles  atención, optan por la guerra y durante veinte años se hallan ausentes del hogar, causando quebrantamientos en el orden familiar. Las dichas damas acuerdan abstenerse de practicar sexo con sus maridos, mientras, sus hombres no firmen la paz con los adversarios, hecho que les permita retornar a la vida doméstica normal y cumplir debidamente la vida marital.

Durante todo el tiempo de la abstinencia, las mujeres deambularán en sus hogares y en las riberas de los ríos, provocativamente ataviadas. Demás está decir que la supremacía de las armas de Eros, se impusieron y retornó la paz y la fecundidad.

En nuestro medio, esa sororidad, dejando de lado la abstinencia conyugal, estableció hitos importantes y trascendentales en nuestra historia. La resistencia de las Heroínas de la Coronilla es un hito importante y glorioso, como muchos siglos después, una huelga de esposas, madres de familia dio el inicio para la recuperación de la democracia.

En estos días, se tienen noticias de una manifestación ruidosa que se da en una ciudad populosa de Bolivia, en la que un grupo de mujeres decide protestar por la proliferación de la prostitución y los males consecuentes que trae ese oficio, cuando se halla carente de control y da lugar a grandes y evidentes males sociales y cuyas consecuencias directas e indirectas afectan a la esposas, los hijos y el entorno todo, dejando una secuela de inseguridad, alcoholismo, riñas y peleas y multiplicidad de ilícitos.

Las argumentaciones de quienes se manifiestan contra la actividad legal, pero no legítima de sexo por dinero, merecen una atención cuidadosa y responsable de los distintos órganos del Estado y aún de organizaciones que perteneciendo a la sociedad civil, asumen la defensa y protección de ese género de prácticas. No se trata de asumir posturas permisivas o abolicionistas, sino de indagar los efectos perniciosos de tal actividad y lograr correctivos reales, posibles a los males sociales que provoca el descontrol de tal actividad.

TEXTUAL

"Cucho" Jordán Q.

Abogado, docente e  historiador del Derecho

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