Opinión Bolivia

  • Diario Digital | martes, 19 de noviembre de 2019
  • Actualizado 17:39

Recordatorio

Un 20 de octubre de hace 115 años se consumó la tragedia del enclaustramiento marítimo nacional. En efecto, en dicha fecha, en paz y amistad, como lo expresaron los representante de Bolivia, Alberto Gutiérrez,  y el de Chile, Emilio Bello Codesido, suscribieron el acta que legalizaba la agresión y la usurpación de una parte de nuestro territorio, puesto que como reza el documento suscrito en la capital mapochina, se cedía definitivamente los territorios ocupados por Chile al oeste de la cordillera de los Andes, entre el paralelo 23 y el río Loa; dicho de otra manera, Bolivia perdía su litoral y, por tanto, condición marítima, sellando así, su enclaustramiento y privándose de acceso directo y soberano al océano Pacífico.

Chile, por su parte, se obligaba a la construcción de un ferrocarril que uniría el puerto de Arica con la ciudad de La Paz, garantizando el más amplio y libre derecho de tránsito comercial por su territorio. Sostienen los historiadores que el mencionado tratado fue sostenido y digitado por una burguesía minera desesperada de transportar la riqueza extraído de los socavones patrios y cuyos representantes más destacados eran al mismo tiempo Gobierno de la nación.

Por tanto, deseosos de encontrar la solución a sus problemas, sacrificaron la integridad nacional. El pueblo se quedó con la indignación y la vergüenza. Este tratado de 1904 preveía, en su parte final, que en el caso de existir diferencias en la inteligencia o ejecución de lo acordado, las partes recurrirían al arbitraje ante el emperador de Alemania, quien habiéndose excusado de ello, mediante otro protocolo de 1907, fue sustituido por la Corte Permanente de Arbitraje de La Haya. Cosas del destino.

Un reconocido intelectual, historiador y diplomático de la época, Don Joaquín de Lemoine, ensayó una justificación para el despojo. Nadie imaginó que un siglo después, en tiempos de cambio y de diplomacia de los pueblos, precisamente en los idus de octubre del cual tengo yo el recuerdo,  palabras más o palabras menos, la misma perorata serviría de justificación para otro  desvarío sobre el mismo tema.

Don Joaquín decía: “Hemos doblado la cabeza de dolor ante los hechos consumados, pero hemos reconquistado el derecho a la vida. Nuestros hombres dirigentes han atenuado el infortunio con indemnizaciones que tienen el alcance de una victoria del porvenir.

Hemos perdido nuestra región costanera, pero iremos al mar en ese monstruo de hierro, con entrañas de fuego, que dá mugidos y vomita bocanadas de humo en el vértigo de su velocidad. Iremos, sí, al Atlántico y al Pacífico. Por medio de él nos ligaremos pronto al Brasil, a Chile, á la Argentina y al Paraguay…Nuestras ciudades se vincularán dando intensidad a su comercio interdepartamental. Nos acercaremos a Europa.

Los emporios de nuestras riquezas nativas, hoy estagnadas, irradiarán en los mercados del mundo. Todo ello es una realidad. No es el viaje de Julio Verne á la Luna. Es el resultado de la paz, y del institucionalismo en que vivimos, á Dios gracias”. Amargo Mar, diría Edgar Oblitas.