Opinión Bolivia

  • Diario Digital | lunes, 24 de enero de 2022
  • Actualizado 19:35

Como consecuencia de una resolución hecha pública, nos enteramos que diferentes sectores que apoyan al régimen, se coaligaron mediante un pacto para evaluar integralmente la situación actual, tomando en cuenta el desenvolvimiento de las autoridades que participan en la gestión pública; el control de traidores e infiltrados en el seno del aparato público; la acción desestabilizadora de los medios de comunicación empeñados en mostrar como santas palomitas a los masacradores del pueblo; la necesidad de construir una “Ley de Comunicación Indígena Originaria Campesina y Afro boliviana” y, fundamentalmente, la erradicación del pitismo.

Personalmente, me inclino a apoyar esta última moción, puesto que ese hecho social y político merece un análisis exhaustivo que explique y dilucide tanto la génesis, contenido, fines, objetivos  y consecuencias de un movimiento que hirió profundamente a un régimen que durante catorce años se mostraba invulnerable en sus cuatro costados, pero tenía un talón que no lo era.

Hasta ahora desconocemos el origen del pitismo, sospechando que nació en los recovecos secretos del Wall Street bajo el patrocinio de empresas exfoliadoras de nuestros recursos que se consideraban afectados por las políticas nacionalizadoras impresas por el gobierno de la revolución democrática y cultural.

No se ha explicado, con la debida claridad y contundencia, la forma y manera en que la población, engañada por intereses monopólicos, prescindió de la fuerza y la violencia, optando por enraizarse en la mente de amas de casa, dedicadas al juego del solitario; jubilados que intercambiaban recetas para combatir el reumatismo; jóvenes que tomaron las avenidas cual pistas de patinaje;  niños parapetados en las veredas de sus casas con  juguetes made in China; pero lo cierto es que al unísono conspiraban mientras extendían una red de pititas de oscura procedencia y que a la postre se convertiría en una maraña laberíntica cual tumba para Icaro.

¿Quiénes fueron los coordinadores para alcanzar sus objetivos? ¿Qué instrumentos sofisticados usaron para comunicarse entre sí? Estas y muchísimas interrogantes quedan sin explicación. Por ello, ese fenómeno llamado pitismo merece una profunda reflexión, no sea que el día de mañana se vuelva a repetir.

TEXTUAL

"CUCHO" JORDÁN Q.

Abogado, docente e  historiador del Derecho

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