Opinión Bolivia

  • Diario Digital | miércoles, 29 de junio de 2022
  • Actualizado 11:05

Lo acontecido en la universidad potosina con un saldo trágico semejante al de un canibalismo barbárico, no es más que la reiteración de situaciones análogas que se tuvieron que lamentar en otras universidades estatales de diferentes regiones del país; el resultado: dolor y muerte. Un nexo común identifica a todos ellos, pugnas de sectores que pretenden el dominio y la hegemonía de los órganos de dirección representativos del co-gobierno estudiantil universitario.

A la luz de los hechos y luego de las investigaciones realizadas por las autoridades llamadas por ley, se constató la intervención y responsabilidad de sectores políticos e ideológicos, cuyos intereses, no son propiamente universitarios y menos aún académicos, sino distintos a los propios de la madre nutricia del conocimiento científico.

Estos hechos luctuosos, reiterados y de saldo trágico que llenan de  luto y consternación al país entero, nacional, han dado motivo -ya sea interesadamente o no- a que identifiquen y asimilen dos instituciones distintas: autonomía y co-gobierno. La primera, como la capacidad de regirse y gobernase por si misma al margen del poder estatal u otra estructura del poder, para el logro y cumplimiento efectivo de sus propios fines, funciones y objetivos académicos. Esta facultad se halla permitida y  reconocida por la suprema norma: la Constitución Política del Estado.

En cambio, el co-gobierno es el ejercicio interno de los diferentes niveles del poder universitario, entre los estamentos docentes y universitarios. Se trata, en consecuencia, de un sistema de elección y sufragio, que asume internamente la universidad, el cual, no requiere aprobación legislativa y menos aún es consagrada por la ley suprema, régimen que puede variar en su forma y contenido, por decisión de los propios estamentos. Consecuentemente, se llega a la conclusión que la autonomía es la esencia de la universidad y el co-gobierno, cualquiera sea la forma que este se asuma, una formalidad que admite variantes y aún su propia vigencia.

Al margen de los hechos funestos a los que nos referíamos, existen multiplicidad de situaciones que se desvelan al conocimiento público, demostrativos de la existencia de un sector de poder universitario teñido de actos ilegales e irregulares, como  prebendas, componendas y abusos extremos, situaciones que llevan a pensar llegado el momento que la universidad pública en su conjunto, a tiempo de adecuarse a las exigencias de un mundo moderno, competitivo y de desarrollo tecnológico, se plantee, además, la necesidad de un nueva forma de participación y gobierno, que responda a las necesidades actuales de la sociedad incluyendo en sus niveles de mando y decisión nuevos actores comprometidos e involucrados con el saber y sus resultados.

TEXTUAL

"CUCHO" JORDÁN Q.

Abogado, docente e  historiador del Derecho

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